El autoritarismo de Antifa y sus campañas contra la libertad de expresión

(Este texto está basado en el que fue publicado en el sitio Metal Blast el 13 de febrero de 2017)

Hubo un momento en el que, casi podríamos decir, me hice una promesa a mí mismo de no hablar sobre política en este blog. La política divide y crea prejuicios entre las personas, más que nada cuando todos los lados se ven como enemigos unos de otros. Digo esto porque el tema del día de hoy bien puede tomarse como algo de política, pero en lo personal creo que va más allá de eso.

Antifa, abreviación de Antifaschistische Aktion, es un conjunto de grupos comunistas y anarquistas aparecido en los ochentas, y que desde esa época vienen protestando contra cualquier cosa que no concuerde con su molde de ideas. Ya en 1991 protestaron contra el recital de Type O Negative en los Países Bajos, bajo el argumento de que la letra de “Jesus Hitler”, una canción escrita por el cantante y bajista Peter Steele para Carnivore, los antecesores de TON, glorificaba al Tercer Reich. Sin tener en cuenta que los orígenes étnicos de cada uno de los miembros de la banda, Antifa demuestran una falta total de análisis lírico al no darse cuenta de que la canción fusionaba las historias de Jesucristo y Hitler como una forma de equiparar a la religión con un sistema fascista.

También iniciaron protestas contra el recital de Graveland, banda polaca de black metal, en Canadá, al punto tal de que tuvieron que cancelarlo. Acá es un tema más complicado porque los liderados por Rob Darken comenzaron explícitamente dentro de la escena del black metal nacionalsocialista, aunque cuánto de eso se puede ver en sus letras queda a opinión de cada uno, y luego de alejaron gradualmente de esa visión, aunque sigan siendo una de las bandas de esa movida con mayor exposición. Pero soy la clase de persona que defiende la libertad de expresión, incluso de gente con la que no concuerdo en nada.

En 2016 un grupo de Facebook llamado “Antifa Against Black Metal” publicó un posteo con una lista de “bandas de black metal nazi”, bordeando en la parodia (aunque sin cruzar del todo) al mezclar grupos nazis con otros que no tienen nada que ver con esa movida.

Pero el hecho que nos trae hoy ocurrió hace unos pocos días. El 7 de febrero de este año, la banda sueca Marduk inició una serie de conciertos a través de Estados Unidos para promocionar su nuevo álbum “Frontschwein”, que también da nombre a la misma gira. Algo común y corriente para cualquier grupo con cierta exposición internacional, pero quién diría que la fascinación del grupo con la Segunda Guerra Mundial y los títulos en alemán crearía un “campaña anti-Marduk” entre la gente de Antifa.

Pueden ver las refutaciones en inglés a cada uno de los puntos expuestos por la gente de Antifa en ese artículo. Para la gente que no sepa inglés, acá un resumen rápido:

  • Argumentan que “Frontschwein”, más o menos traducible como “cerdo del frente” pero que creo que también puedo interpretar como “carne de cañón”, era el apodo del mariscal de campo alemán Walther Model, llamado así porque prefería dirigir desde el frente que desde la retaguardia. En realidad, este es un término común en el idioma alemán para referirse a los soldados que sirven en el frente, y cuyo uso se remonta a mucho antes que el Tercer Reich;
  • Antifa dice que la gran cantidad de referencias a la Segunda Guerra Mundial en las letras de Marduk demuestran su apoyo por el Tercer Reich, algo que no tiene mucho sentido porque hacer referencias a un periodo histórico no significa que uno esté de acuerdo con lo que ocurrió;
  • Según ellos, el nombre del disco en vivo “Warschau” es una referencia a un campo de concentración de la Segunda Guerra Mundial. En realidad, Warschau es simplemente el nombre en alemán de Varsovia, la ciudad polaca donde se grabó el disco en vivo;
  • En una entrevista con Metal Blast, el bajista Morgan Steinmeyer hablaba sobre el reciente arresto de Varg Vikernes bajo el cargo de “discurso de odio”, y dijo que “es extraño que sea ilegal que no te guste una religión”, y que encontraba extraño “que no se pudieran tener ciertas ideas”. Antifa tomaron esta defensa de la libertad de expresión de Vikernes, más allá de lo horribles que sean sus ideas, como una muestra de las ideas nazis detrás de Marduk.

La polémica también llegó hasta a una de las bandas soporte de Marduk: los deathmetaleros estadounidenses Incantation terminaron en el medio de la polémica, con la gente de Antifa argumentando que la banda también tiene ideas nazis debido a que por sus filas pasó el cantante y guitarrista Craig Pillard, actual cantante de la banda Disma, y también acusado de neonazi. Aunque hay una entrevista donde Pillard expresa ideas neonazis, en una respuesta a otra protesta que se dio por uno de los conciertos de Disma expresó que esa etapa de su vida quedó atrás. Además, hay que aclarar que Pillard dejó Incantation en 1994, y 23 años es bastante tiempo si ustedes me preguntan.

Pero eso es sólo la punta del iceberg, porque mis sentimientos hacia la gente detrás de estas protestas son los mismos que los que tengo hacia los que atacan sin el más mínimo fundamento.

Mi desprecio hacia Antifa va más allá de si protestan contra bandas que me gusten o sus ideas políticas. Me reconozco como una persona que va para la izquierda, pero no por eso voy a pasar por alto el hecho de que ellos son la clase de organización autoritaria que me causa repulsión.

Son violentos, y no puedo apoyar un movimiento que ve a la agresión física como una forma válida de demostrar sus ideas.

Son censuradores, y no puedo demostrar empatía por quien busca silenciar a los que no coinciden con él, incluso si hablamos de ideas totalmente contrarias a las mías.

Son adeptos a las falacias y a las mentiras, y eso me parece una buena señal de que tu posición no tiene sustento.

Representan la realidad que es la “teoría de la herradura”: cuanto más extrema sea una ideología política, más difícil es diferenciarla de otra que teóricamente está en el otro extremo del espectro político.

Ahora, ¿esto significa que apoyo a las ideas nazis o a las bandas que las exponen? No, es más que a esta altura me tienen sin cuidado las ideas.

Yo soy de escuchar neofolk y martial industrial, y a muchas de mis bandas favoritas les caen acusaciones de fascismo, ¿significa que yo soy uno?.

Soy de escuchar bandas de black metal con ideas comunistas y anarquistas (el llamado “RABM”), ¿significa que soy un comunista o un anarquista?

Muchas de mis bandas de metalcore favoritas profesan ideas cristianas, ¿significa que soy cristiano?

Escucho Cannibal Corpse, ¿significa que voy por ahí matando bebés con martillos?

La respuesta a todas esas preguntas es que la música, y cualquier forma de entretenimiento para este caso, que consumas no te hace la persona que sos, y que te guste la manera en la que se presenta no significa que estés de acuerdo con lo que la obra expresa. Podés escuchar una canción sin entender las letras y, aún así, poder disfrutar de la música que hay detrás.

Podés escuchar AC/DC y disfrutar el ritmo sin estar de acuerdo con las letras ultra masculinas y hasta machistas.

Podés leer “Lolita”, de Vladimir Nabokov, y apreciar la narración de la historia sin apoyar las inclinaciones pedófilas del narrador.

Podés ver “El Nacimiento de una Nación”, de D.W. Griffith, y apreciar su influencia en el cine actual y, al mismo tiempo, estar en desacuerdo con la forma en que se representa al Ku Klux Klan.

El arte es subjetivo y la forma en la que lo percibimos también, pero cuando gente como Antifa decide censurarlo porque sus dogmas dictan que cierta gente no debe expresarse, entonces terminan siendo iguales a los demonios contra los que juran luchar.