Retrospectiva: La carrera musical de Guillermo Vilas

 

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Guillermo Vilas es considerado el mejor tenista argentino de la historia, no por nada es el primero que se le viene a la mente a muchos al momento de hablar del deporte en el país, siendo además la persona que ayudó a popularizarlo entre el público más masivo. Tener récords como el del tenista profesional con más victorias en un año (130 en 1977) y el de mayor cantidad de títulos en el mismo periodo (16, también en 1977) avala su posición legendaria, más allá de que al día de hoy siga la polémica por no haberle otorgado el número 1 en el ranking ATP.

Si le sumamos que fue su habilidad en la cancha la que lo hizo el máximo ídolo del baterista Lars Ulrich, y la razón por la que Ulrich decidió viajar a EEUU para volverse tenista, entonces podemos decir que, indirectamente, Vilas también llevó a la formación de Metallica.

Pero bueno, este no es un blog de deportes así que nos vamos a centrar en el mundo de Vilas que no tiene tanto que ver con el tenis, y resulta que los intereses de Vilas iban más allá del mundo de las raquetas: ya en 1974 había publicado un libro de poemas titulado “125”, y en 1981 había publicado otro, titulado “Cosecha de cuatro”.

“Cosecha de cuatro” tiene la particularidad de tener un prólogo escrito por ningún otro que Luis Alberto Spinetta, y es que la relación entre Guillermo Vilas y Spinetta era extremadamente cercana, no por nada Vilas es el padrino de Dante Spinetta, y el tenista solía decir que era fan de Spinetta en las entrevistas.

Pero la relación entre Guillermo y Luis Alberto iba más allá de eso, ya que ha tenido una influencia en el mundo de la música. Fue a través de los contactos de Vilas con la CBS estadounidense que Spinetta pudo grabar “Only Love Can Sustain”, aquel disco grabado en 1978 y editado en 1980 que fue un malogrado intento para meterse en el mercado anglosajón. Y aunque al día de hoy se lo considere de los peores trabajos de Spinetta, el disco tiene la particularidad de que una de sus canciones, “Children of the bells”, fue compuesta por Spinetta junto a Vilas.

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El disco se editó en Argentina como “Sólo el amor puede sostener”.

Fue por esa época que, según una entrevista con Los Angeles Times, Vilas se había acercado a la música por iniciativa del fallecido tenista estadounidense Vitas Gerulaitis, otro tenista devenido en músico y quien lo hizo fan de Lou Reed y David Bowie. En 1978 se dio su primera participación en un estudio de grabación, cuando estuvo como invitado en el disco de la banda Trigger, un grupo estadounidense de hard rock que había sido descubierto por Gene Simmons, bajista y cantante de Kiss. Derek Remington, baterista de la banda, habló sobre la grabación del disco en un foro de fans del rock de los setentas, contando que Vilas se encontraba de paso por el estudio y que terminó aportando algunos aplausos en la canción “We’re Gonna’ Make It”, y que al día de hoy él, Remington, se siente molesto de que hayan escrito mal el nombre de Vilas en los créditos, donde figura como “Guillerno Vilas”.

En 1989, Guillermo Vilas se retiró del deporte, al que volvería brevemente en 1992. Ya con mucho tiempo libre entre sus manos, la idea de dedicarse a su otra pasión no sonaba descabellada. Es así que nació “Milnuevenoventa”, álbum llamado así por el año en que salió, pero que venía gestándose desde poco antes de su retiro del tenis. Y vaya que representa ese año en particular, porque hablar del disco lo revela como una cápsula del tiempo de la Argentina de los primeros años del menemismo.

Primero que nada, uno pensaría que Vilas se habría decantado por algo más cercano al rock, considerando las bandas y artistas con los que se lo relacionaba. Pero contra todas esas expectativas, “Milnuevenoventa” tiene a Vilas en un estilo cercano a la música electrónica, el techno y la música house, estilos muy de moda en Europa. Y es así que tenemos canciones bastante alejadas de las guitarras rockeras y más cercanas al “Ritmo de la noche”, a Technotronic y al eurodance.

El disco parece haber tenido varias tapas, todas con la misma foto y colores pero con pequeñas variaciones en la posición del título. (Gracias a http://fotosdechavi.blogspot.com.ar)

La labor de Vilas como cantante es casi, casi, casi decente en los mejores momentos. En varias partes ponen varias tomas de su voz al mismo tiempo para simular un poco más de fuerza. Pero estamos hablando de la etapa pre Autotune, así que dentro de todo tenías que cantar más o menos afinado, aunque sea recitando de manera medio extraña como termina haciendo Vilas varias veces.

Una de las canciones, titulada “Beso Eterno”, aparece dos veces: una en su versión original, y otra en un remix house. Por alguna razón, se decidió que el remix sea el tema número cuatro y la versión original sea el cinco, vaya uno a saber bajo qué lógica eso tiene sentido.

Otra canción destacable fue “Tú Eres Para Mí”, que abre el álbum y que puede que esté dedicada a la europea Michelle Tomasewski, novia de Vilas por esa época, quien parece ser que fue la que lo introdujo en el mundo de la música electrónica, y quien participa como cantante en algunas canciones, mostrando bastante poco dominio tanto del español como del inglés.

Y ya que hablamos del estilo del disco, bien puede que el responsable de cómo suena sea también el productor, porque el hombre detrás de la consola era Bernardo Bergeret, quien actualmente es el gerente de asuntos intenacionales del INCAA. Fue él quien produjo y editó el disco a través de su discográfica ABR. Bergeret también sería el productor detrás de The Sacados (los que hicieron la versión de “Ritmo de la noche” que tanto se relaciona con el programa de Marcelo Tinelli) y el rapero uruguayo Jazzy Mel, lo que puede explicar el estilo cercano a la música electrónica del álbum.

A su vez, Bergeret también era dueño de la Z95, radio predecesora de la Metro 95.1 y que estaba dedicada a este tipo de música, una de las primeras radios (si no, la primera) del país en promover la música electrónica. Y hablando de la Z95, Vilas llegó a presentar este disco en vivo en el Estadio Obras, en el marco de la “Buenos Aires Warehouse Party”, un festival de música electrónica armado por la radio.

Z95 editaba compilados con los éxitos del año, y fueron de los mayores promotores del disco. (Gracias a https://www.taringa.net/posts/offtopic/16624212/Recuerdos-Z95.html)

Con todo esto en mente, ¿cómo le fue al disco? Digamos que, en una entrevista, Guillermo Vilas admitió que iba a las disquerías y compraba todas las copias que podía, para hacerle creer a la discográfica que alguien lo estaba comprando. Así que podemos llegar a la conclusión de que no le fue tan bien como se esperaba.

“Milnuevenoventa” no sería la última incursión de Guillermo Vilas en el mundo de la música, porque en 1992 formaría una banda de rock llamada Dr. Silva junto a integrantes de la banda de rock Plus, con los que sacaría un álbum homónimo (que incluyó otra versión más de “Beso Eterno”) y terminaría tocando en “Ritmo de la noche”, poco antes de separarse. En una entrevista del 2012, Vilas dice que sigue valorando mucho su tiempo en Dr. Silva, pero que las cosas no salieron como quería porque “cuando uno es conocido en algo después es muy difícil salir de ello”, comparando su caso con el de Yannick Noah, el tenista francés que logró tener gran éxito en su país con su música.

El último trabajo discográfico de Vilas en el mundo de la música fue “Guillermo Vilas”, el álbum que editó en 1998 y que fue la muestra final de que el extenista es muy malo al momento de elegir títulos.

Fuentes:

http://www.lanacion.com.ar/1501477-el-sorprendente-libro-del-tenista-argentino-que-queria-ser-poeta

http://soloquinceminutos.blogspot.com.ar/2007/05/guillermo-vilas-techno-rock-y-bjorn.html

https://www.allmusic.com/album/trigger-mw0000851395

https://www.tapatalk.com/groups/starzfanzcentral/the-history-of-trigger-by-derek-remington-t2140-s290.html

https://www.catastrofico.com.ar/guillermo-vilas-1990/

http://todosobretenis.com/historias-afuera-de-los-courts-guillermo-vilas/

http://articles.latimes.com/1988-08-21/sports/sp-1110_1_guillermo-vilas

http://www.puntodebreak.com/2014/12/12/tenis-musica-historia-incompleta

http://old.clarin.com/diario/especiales/tenis/vilas_musico.htm

[La entrada del día de hoy nació como un texto para la columna de música que tengo en El Lado B, programa que al día de hoy se emite los miércoles de 22 a 23 por Radio ETER. Lo que al principio iba a ser sólo una simple columna sobre una bizarreada de álbum, terminó creciendo y mutando hasta terminar siendo lo que acaban de leer. Después de terminar de escribirla, sentí que sería un desperdicio restringirlo a sólo un texto de radio, así que lo adapté para publicarlo acá, siendo que hacía meses que no subía nada. A esta altura ya abandoné cualquier intento de actualizar de manera regular el blog, no sólo porque llegué a la conclusión de que se me va a hacer imposible, sino también porque siento que la calidad se ve afectada si veo como una obligación algo que es más un ejercicio de escritura. Así que prefiero verme atado a la inspiración antes que a la obligación.]

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Carga Viva en Roxy Live 17-09-2017

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PH: Nicolás Torregiani

Antes de comenzar, quisiera disculparme con Rey Morfeo y 5 Decibeles, bandas teloneras a las que no pude ver. Hago todo lo posible para poder ver a todas las bandas en una fecha, pero justo en esta ocasión se dio un tema de tiempos que hizo que pudiera llegar unos minutos antes de la presentación de Carga Viva.

Luego de una introducción con “El Ciclo Sin Fin”, de El Rey León, sonando de fondo, el telón se abrió para dar paso al slap de bajo que arrancó “Opinólogos Virtuales”, canción que da título al primer LP de Carga Viva. Algunos problemas con la guitarra, que se volvería a repetir, y un par de acoples ensuciaron el comienzo, pero fue acá donde se pudo empezar a apreciar el sonido funkrockero de la banda, con momentos que recuerdan mucho al Red Hot Chili Peppers de la mejor época, y con “Dios y el Diablo” mostraron una faceta más pesada, similar a la de Rage Against The Machine.

A “Se Pudre Bajo El Sol”, un tema más rockero, le sucedió el primer cover de la noche, que vino de la mano de “Sátiro”, de Babasónicos. Versión inesperada, al menos personalmente, pero que no sonó fuera de lugar entre las otras canciones.

“Calles Salvajes “ tuvo a los primeros invitados de la noche, con Josi Lennard y Chris Espinosa de Tu Mamá No Entiende Nada. En “Anestesiados por el Ruido” la guitarra volvió a fallar, dejando al bajista Nicolás Poggioli y al baterista Federico Macías solos por un rato hasta que logró volver, momento marcado por las ovaciones de la gente.

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PH: Nicolás Torregiani

Luego de “Don’t Forget Me” de los Red Hot Chili Peppers (el cover menos interesante de la noche, extrañamente) y de “Laurel”, a las que siguieron con una jam entre el bajo y la batería, llegaron los siguientes invitados de la noche: el cantante Manuel Iglesias, de Rey Morfeo, y el trompetista Ilian Shalom se sumaron a la banda, y con el guitarrista Joaquín Brizuela y el cantante Lautaro Barceló intercambiando sus puestos, para hacer un cover de “Nunca Nos Fuimos” de Flema, con vientos y dualidad de voces que le dieron un toque propio.

Con “Maquillaje”, Carga Viva volvió a las canciones propias, y con “Irán (Más Allá A Buscarnos)” invitaron a Luciano Villacé, cantante y guitarrista de Bigger y productor de Opinólogos Virtuales. “El Disfraz (No Puedo Parar)” vio la vuelta de Ilian Shalom a los vientos.

El final de la presentación fue con “Wells, El Chamuyero”, de su primer EP No Puedo Parar, y un medley con una base de cumbia, en el que Carga Viva metió fragmentos de canciones tan disímiles como “Feel Good Inc.” de Gorillaz, “Una Vela” de Intoxicados y “Señor Cobranza” de Las Manos de Filippi.

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PH: Nicolás Torregiani

Es así que finalizó la presentación de Carga Viva en Roxy Live. Muy lejos de ser la clase de recital al que yo hubiera pensado ir en algún momento, pero uno que agradezco poder haber presenciado por me mostró a una banda con un sonido muy propio y con muchísimo futuro, probando cosas nuevas en un ambiente que pareciera haberse dado por vencido en buscar nuevos horizontes.

Le doy las gracias a Sofía Olivera, de rock.com.ar, por haberme invitado a cubrir esta fecha, y a Nicolás Torregiani, por las excelentes fotos que sacó durante el recital.

Battle Cry – 2016 – “Cicatrices”

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Desde hace casi dos décadas, Battle Cry vienen dando batalla con su sonido a mitad de camino entre el heavy clásico y el power metal. Y aunque en papel algo así está en las antípodas de poder considerarse original, estos jujeños tienen un par de elementos como para destacarse en un estilo tan saturado de propuestas genéricas.

Cicatrices, tercer álbum de la banda, es una buena muestra tanto de los vicios como de las virtudes de este grupo. Con excepción del instrumental acústico “Entre La Vida Y La Muerte”, las canciones se manejan con una base de riffs pesados, mucho doble bombo y un teclado bastante presente, todo balanceado de tal manera que puede atraer tanto al fan de Judas Priest como al de Stratovarius. Hay mucho riff de manual pero con gancho y buen gusto, apoyado por las melodías de teclados que no se limitan a servir de colchón a las guitarras.

El cantante Leonardo Campos es uno de los puntos altos del álbum: con un estilo muy melódico y alejado de las típicas voces “rasposas” que parecen haberse hecho casi reglamentarias en los últimos años, cumple su papel de una manera agradable de escuchar, además de darle una fuerte convicción a las letras cercanas de manera explícita a cuestiones sociales, algo bastante complicado de encontrar en el estilo.

El álbum transcurre de manera fluida entre canción y canción. No hay temas que de verdad se destaquen por encima de otros, tampoco hay altibajos ni canciones de relleno. Un elemento muy interesante en la dinámica del grupo viene por el lado de la inclusión en ciertos momentos de instrumentos autóctonos, como la quena. Esto le agrega un toque de personalidad a canciones como “En Las Estrellas” y “Almita Civila”, aunque sería muy interesante que se los usara de manera más usual, como una parte integral de su propuesta.

Siendo una banda con muchos instrumentos, es una pena que una de mis mayores críticas al álbum venga por el lado del sonido, un tanto precario por momentos, y de la mezcla. Esta última tiene a los instrumentos sonando demasiado juntos, sin darles espacio como para moverse y desarrollarse. Esto es algo que se nota mucho si se escucha el álbum con auriculares, así que parece que “Cicatrices” está hecho más para escucharse con parlantes.

Con pros y contras, Cicatrices se inclina hacia una calificación positiva. Hay varios aspectos para mejorar, pero los integrantes de Battle Cry vienen mejorando como músicos y compositores desde sus primeras producciones, y demuestran talento como para sacar grandes obras en las circunstancias indicadas. A ponerle fichas a este grupo, con un norte definido y una propuesta con personalidad propia.

 

(Nota: Bueno, no creí que iba a tardar más de un mes en actualizar. Sin querer que de verdad fuera así, me terminé tomando julio como un mes de vacaciones del blog, en parte por cuestiones personales pero más que nada porque me sentía quemado y sin ganas de ponerme a escribir. Pero bueno, las ganas volvieron y no creo que vayan a tener que esperar otro mes para leer cosas nuevas por acá.)

Entrevista a Sebastián Crugley (Alldrig): “Adentrarse a lo desconocido es una buena experiencia”

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Aunque el black metal tiene una tradición nacional que se remonta hasta principios de los noventas, con los pioneros Sartan, o incluso hasta mediados de los ochentas, con grupos como Cerbero y su speed metal a lo Venom, a lo largo de los años se terminó convirtiendo en un estilo limitado, en su mayor parte, a experiencias aisladas.

Sin embargo, con los destacables debuts de nombres como Downfall of Nur, Ausländer, Genuflexión, y los buenos trabajos que viejos conocidos como Ancestrum, Gevurahel e Infernal Curse sacaron en los dos últimos años, estamos hablando de una de las mejores épocas del black metal argentino en mucho tiempo, tanto en cantidad como en calidad y diversidad de nuevas propuestas.

Como parte de esta nueva ola de bandas, hay que mencionar al proyecto unipersonal Alldrig, comandado por el multiinstrumentista Sebastián Crugley, quien se prestó a algunas preguntas para llegar a conocer más acerca de la mente detrás de una de las propuestas más personales de la música nacional, más allá de cualquier etiqueta.

– ¿Cómo se te ocurrió arrancar con este proyecto? ¿Tenías experiencia ya sea en bandas o grabando?

Formé parte de un gran puñado de bandas a lo largo de los años pero ninguna logró algún tipo de resultado final (más que grabar algún EP o single). Al parecer, era más importante dar con una pose, sacarse fotos o alcoholizarse en lugar de crear. Esto me llevó al punto de no interesarme más en la idea de formar una banda o hasta seguir haciendo música, hasta que di con la idea de formar algo propio de manera personal que terminó convirtiéndose en lo que ya conocemos.

– ¿Desde qué estilo musical venías antes de Alldrig?

Desde muy chico seguí de cerca a la escena del death metal, y cuando tomé en mis manos mi primer bajo, me interese de lleno en el death técnico (también me interesaban géneros como el jazz y el flamenco, pero no eran mi prioridad), por lo que luego de un buen tiempo destrozando mis muñecas, bandas como Spawn of Possession & Decrepit Birth se habían convertido en prácticas diarias. Pero al no encontrar músicos que quieran hacer lo mismo (o que querían pero no poseían la fuerza de voluntad para que la máquina funcionara), me fui desviando poco a poco de ese camino. De igual manera no creo volver a ese camino, al menos durante un buen tiempo, ya que lo que tengo hoy es lo que representa a mi persona. Pero, ¿quien sabe? El tiempo lo dirá.

– ¿Cómo definirías el estilo de Alldrig? Algunos tiran etiquetas como “blackgaze” y “black depresivo”.

Oh, ¡las etiquetas! Siempre están en el ojo de quien observa. Para ser sincero, nunca llamaría a mi música “black metal” o “depresiva-suicida”, y si alguna vez usé esos términos fue, con completo disgusto, para dar como referencia proyectos ya conocidos.  Las personas que se mueven en ese ambiente (al menos quienes tuve el placer de conocer) no usan la negatividad que creen representar para mejorar sus mentes, vidas y accionar. Solo se ven encantados por la superficie pero nunca se involucran realmente, por lo que no importa. Alldrig es y será lo que tú quieras que sea, lo que tú quieras que represente.

– Dentro de lo que mencionaste, ¿cuáles mencionarías como tus influencias?

Suelo estar más influenciado por el aislamiento prolongado en una habitación a oscuras que con cualquier otro artista, es más, cada vez suelo escuchar menos música y más silencio (aunque debe ser a que estoy envejeciendo no?) por lo que para crear material no pienso en ningún género o sonido, simplemente tomo emociones y experiencias de mi vida rutinaria. Pero puedo (y debo) nombrar al músico noruego “Blix” (Andreas Jacobsen), de quien di con la idea de formar un proyecto en solitario y que a la vez comparto muchas filosofías e ideales de vida y a M., amigo del cual aprendí lo poco que sé hoy en día e inspiró muchas piezas, y que falleció en junio de 2015.

– En junio editaste “Introspective Existentialism”, el segundo trabajo de Alldrig. ¿Sentís que hay un cambio con respecto al debut “Uncontrolled Dreams of Exploding Skies”?

A simple vista, “Instrospective Existentialism” es un trabajo más abstracto (justamente, para que cada quien le dé su propio significado) y está ideado como un concepto conjunto, no en pistas individuales como su predecesor. No sabría decirte dónde marcar la línea que los divide más allá de su sonido, ambos fueron creados por mero impulso más que ser planificados, como la gran mayoría de mi música.

– ¿Cuál es el concepto detrás de “Introspective Existentialism”?

El título hace referencia a la condición humana, las emociones, nuestro plano como individuos y sobretodo el significado de la vida. Tomar estos conceptos y darte mi visión sobre ellos es contraproducente al mensaje en sí, ya que la definiciones varían según el receptor: podés encontrar tu primer amor o tu primera sobredosis, tu cumpleaños al que nadie asistió o una charla con la persona más significante en tu vida. De ahí viene ese sonido plano y abstracto que no debe distraerte, sino situar el ambiente adecuado.

– Alldrig no es tu único proyecto, sino que además tenés otros discos editados tanto como Overdokkse como con tu propio nombre, disponibles en tu Bandcamp. ¿De qué tipo de material estamos hablando acá? ¿Cuál es la línea que los separa entre ellos?

“Overdokkse” es un proyecto espontáneo que nació en un mala noche de sábado y que nunca debería haber visto la luz con tan solo ese demo. Es lo más crudo en mi repertorio y que en un futuro tendrá un trabajo más acorde que lo represente. Por otra parte, los mini-lanzamientos bajo mi nombre (“Transient Life”, “Her Name Whispers Nostalgia” y “Narcotic Euphoria”) son materiales cortos que no dieron a mayores (por falta de inspiración o porque simplemente no les veo futuro) que en lugar de ser borrados, se sumaron a Internet (¿por qué no?).

– Tenés una naturaleza muy prolífica y variada al momento de grabar material, ¿hay algún estilo en el que te gustaría incursionar?

Desde hace meses que tengo ganas de formar parte del mundillo del darkwave o del dungeon synth, por lo que cuando termine lo que justamente esta semana comencé a armar tal vez les dé una chance. Siempre adentrarse en lo desconocido (y más en la música) es una buena experiencia.

– ¿Qué se viene en el futuro de Alldrig?

Es probable que para el primer cuarto del 2017 forme parte de un par de splits con bandas europeas, falta mucho, pero ya se está charlando. Sobre lo demás, no podría decirse, soy bastante espontáneo y no suelo proyectar a futuro. Con suerte habrá algunas sorpresas.

Mephistofeles – 2016 -Whore

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Aunque las escenas nacionales del stoner y, en menor medida, del sludge, tienen una importancia considerable en el continente, no ocurre lo mismo con el estilo que dio origen a ambos: el doom metal, más específicamente el más tradicional. Más allá de grupos como los santafesinos Corpvs Christi, no hay muchas bandas en Argentina que hayan seguido el camino de los riffs sabbathicos y los ritmos lentos. Tal vez esto sea porque el doom no tuvo una banda nacional que lograra saltar las barreras del nicho, como si tuvo el stoner con Natas, pero uno podría decir lo mismo del sludge y aun así éste tiene una escena más grande.

Pero que no haya una escena muy grande no significa que no haya banda de calidad, y es así que desde Paraná, Entre Ríos, tenemos a Mephistofeles. Esta banda comenzó en el año 2013 como un proyecto unipersonal de Gabriel Ravera, quien se encargó de todos los instrumentos en el debut “Master Doom Split” (del que no sé si es en verdad un split), con dos canciones que mostraban tendencias más tiradas al drone y a la experimentación.

Ravera dejó el proyecto en pausa durante un tiempo, hasta que decidió sumar al baterista
Iván Sacharczuk y al bajista Ismael Dimenza, con los que mutó la fórmula de la banda en lo que podemos escuchar a lo largo de las siete canciones y 34 minutos de “Whore”, su álbum debut: una combinación de doom con stoner de riffs valvulares, calidad de sonido relativamente lo-fi y una estética más setentosa que los setentas mismos.

Esta combinación no es para nada nueva, y a lo largo del álbum se nota a simple vista que la máxima inspiración del trío se halla en el condado inglés de Dorset, en el humo de marihuana que rodea a Electric Wizard. Las guitarras que concentran el peso del universo en sus riffs, la atmósfera psicotrópica, las voces que suenan a mitad de camino entre Jus Oborn y Kevin Starrs de Uncle Acid and the Deadbeats, todo recuerda de alguna manera u otra a los ingleses.

Esto nos lleva a plantearnos una pregunta: ¿en qué momento la inspiración se convierte en plagio? La línea es difusa, pero en el caso de Electric Wizard ellos mismos han sido definidos en algún momento u otro como una copia de Black Sabbath, y personalmente creo que la “copia” se puede pasar por alto mientras el grupo sepa dar buenos resultados, y Mephistofeles logran ese objetivo: desde el inicio con “Black Sunday” hasta el final con “Cursed To Death”, los paranaenses sumergen al oyente en su universo de drogas, ocultismo, prostitutas adictas y películas de terror de bajo presupuesto, logrando el disco que su misma máxima inspiración se olvidó de cómo componer hace tiempo.

Aunque se lleven “originalidad” a marzo, siempre es bueno tener cerca a un grupo como Mephistofeles. Personalmente me gustaría que lograran encontrar su propio sonido, pero por ahora no están mal como banda sonora de la vida de alguien que piense que los setentas jamás deberían haber terminado.