Retrospectiva: La carrera musical de Guillermo Vilas

 

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Guillermo Vilas es considerado el mejor tenista argentino de la historia, no por nada es el primero que se le viene a la mente a muchos al momento de hablar del deporte en el país, siendo además la persona que ayudó a popularizarlo entre el público más masivo. Tener récords como el del tenista profesional con más victorias en un año (130 en 1977) y el de mayor cantidad de títulos en el mismo periodo (16, también en 1977) avala su posición legendaria, más allá de que al día de hoy siga la polémica por no haberle otorgado el número 1 en el ranking ATP.

Si le sumamos que fue su habilidad en la cancha la que lo hizo el máximo ídolo del baterista Lars Ulrich, y la razón por la que Ulrich decidió viajar a EEUU para volverse tenista, entonces podemos decir que, indirectamente, Vilas también llevó a la formación de Metallica.

Pero bueno, este no es un blog de deportes así que nos vamos a centrar en el mundo de Vilas que no tiene tanto que ver con el tenis, y resulta que los intereses de Vilas iban más allá del mundo de las raquetas: ya en 1974 había publicado un libro de poemas titulado “125”, y en 1981 había publicado otro, titulado “Cosecha de cuatro”.

“Cosecha de cuatro” tiene la particularidad de tener un prólogo escrito por ningún otro que Luis Alberto Spinetta, y es que la relación entre Guillermo Vilas y Spinetta era extremadamente cercana, no por nada Vilas es el padrino de Dante Spinetta, y el tenista solía decir que era fan de Spinetta en las entrevistas.

Pero la relación entre Guillermo y Luis Alberto iba más allá de eso, ya que ha tenido una influencia en el mundo de la música. Fue a través de los contactos de Vilas con la CBS estadounidense que Spinetta pudo grabar “Only Love Can Sustain”, aquel disco grabado en 1978 y editado en 1980 que fue un malogrado intento para meterse en el mercado anglosajón. Y aunque al día de hoy se lo considere de los peores trabajos de Spinetta, el disco tiene la particularidad de que una de sus canciones, “Children of the bells”, fue compuesta por Spinetta junto a Vilas.

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El disco se editó en Argentina como “Sólo el amor puede sostener”.

Fue por esa época que, según una entrevista con Los Angeles Times, Vilas se había acercado a la música por iniciativa del fallecido tenista estadounidense Vitas Gerulaitis, otro tenista devenido en músico y quien lo hizo fan de Lou Reed y David Bowie. En 1978 se dio su primera participación en un estudio de grabación, cuando estuvo como invitado en el disco de la banda Trigger, un grupo estadounidense de hard rock que había sido descubierto por Gene Simmons, bajista y cantante de Kiss. Derek Remington, baterista de la banda, habló sobre la grabación del disco en un foro de fans del rock de los setentas, contando que Vilas se encontraba de paso por el estudio y que terminó aportando algunos aplausos en la canción “We’re Gonna’ Make It”, y que al día de hoy él, Remington, se siente molesto de que hayan escrito mal el nombre de Vilas en los créditos, donde figura como “Guillerno Vilas”.

En 1989, Guillermo Vilas se retiró del deporte, al que volvería brevemente en 1992. Ya con mucho tiempo libre entre sus manos, la idea de dedicarse a su otra pasión no sonaba descabellada. Es así que nació “Milnuevenoventa”, álbum llamado así por el año en que salió, pero que venía gestándose desde poco antes de su retiro del tenis. Y vaya que representa ese año en particular, porque hablar del disco lo revela como una cápsula del tiempo de la Argentina de los primeros años del menemismo.

Primero que nada, uno pensaría que Vilas se habría decantado por algo más cercano al rock, considerando las bandas y artistas con los que se lo relacionaba. Pero contra todas esas expectativas, “Milnuevenoventa” tiene a Vilas en un estilo cercano a la música electrónica, el techno y la música house, estilos muy de moda en Europa. Y es así que tenemos canciones bastante alejadas de las guitarras rockeras y más cercanas al “Ritmo de la noche”, a Technotronic y al eurodance.

El disco parece haber tenido varias tapas, todas con la misma foto y colores pero con pequeñas variaciones en la posición del título. (Gracias a http://fotosdechavi.blogspot.com.ar)

La labor de Vilas como cantante es casi, casi, casi decente en los mejores momentos. En varias partes ponen varias tomas de su voz al mismo tiempo para simular un poco más de fuerza. Pero estamos hablando de la etapa pre Autotune, así que dentro de todo tenías que cantar más o menos afinado, aunque sea recitando de manera medio extraña como termina haciendo Vilas varias veces.

Una de las canciones, titulada “Beso Eterno”, aparece dos veces: una en su versión original, y otra en un remix house. Por alguna razón, se decidió que el remix sea el tema número cuatro y la versión original sea el cinco, vaya uno a saber bajo qué lógica eso tiene sentido.

Otra canción destacable fue “Tú Eres Para Mí”, que abre el álbum y que puede que esté dedicada a la europea Michelle Tomasewski, novia de Vilas por esa época, quien parece ser que fue la que lo introdujo en el mundo de la música electrónica, y quien participa como cantante en algunas canciones, mostrando bastante poco dominio tanto del español como del inglés.

Y ya que hablamos del estilo del disco, bien puede que el responsable de cómo suena sea también el productor, porque el hombre detrás de la consola era Bernardo Bergeret, quien actualmente es el gerente de asuntos intenacionales del INCAA. Fue él quien produjo y editó el disco a través de su discográfica ABR. Bergeret también sería el productor detrás de The Sacados (los que hicieron la versión de “Ritmo de la noche” que tanto se relaciona con el programa de Marcelo Tinelli) y el rapero uruguayo Jazzy Mel, lo que puede explicar el estilo cercano a la música electrónica del álbum.

A su vez, Bergeret también era dueño de la Z95, radio predecesora de la Metro 95.1 y que estaba dedicada a este tipo de música, una de las primeras radios (si no, la primera) del país en promover la música electrónica. Y hablando de la Z95, Vilas llegó a presentar este disco en vivo en el Estadio Obras, en el marco de la “Buenos Aires Warehouse Party”, un festival de música electrónica armado por la radio.

Z95 editaba compilados con los éxitos del año, y fueron de los mayores promotores del disco. (Gracias a https://www.taringa.net/posts/offtopic/16624212/Recuerdos-Z95.html)

Con todo esto en mente, ¿cómo le fue al disco? Digamos que, en una entrevista, Guillermo Vilas admitió que iba a las disquerías y compraba todas las copias que podía, para hacerle creer a la discográfica que alguien lo estaba comprando. Así que podemos llegar a la conclusión de que no le fue tan bien como se esperaba.

“Milnuevenoventa” no sería la última incursión de Guillermo Vilas en el mundo de la música, porque en 1992 formaría una banda de rock llamada Dr. Silva junto a integrantes de la banda de rock Plus, con los que sacaría un álbum homónimo (que incluyó otra versión más de “Beso Eterno”) y terminaría tocando en “Ritmo de la noche”, poco antes de separarse. En una entrevista del 2012, Vilas dice que sigue valorando mucho su tiempo en Dr. Silva, pero que las cosas no salieron como quería porque “cuando uno es conocido en algo después es muy difícil salir de ello”, comparando su caso con el de Yannick Noah, el tenista francés que logró tener gran éxito en su país con su música.

El último trabajo discográfico de Vilas en el mundo de la música fue “Guillermo Vilas”, el álbum que editó en 1998 y que fue la muestra final de que el extenista es muy malo al momento de elegir títulos.

Fuentes:

http://www.lanacion.com.ar/1501477-el-sorprendente-libro-del-tenista-argentino-que-queria-ser-poeta

http://soloquinceminutos.blogspot.com.ar/2007/05/guillermo-vilas-techno-rock-y-bjorn.html

https://www.allmusic.com/album/trigger-mw0000851395

https://www.tapatalk.com/groups/starzfanzcentral/the-history-of-trigger-by-derek-remington-t2140-s290.html

https://www.catastrofico.com.ar/guillermo-vilas-1990/

http://todosobretenis.com/historias-afuera-de-los-courts-guillermo-vilas/

http://articles.latimes.com/1988-08-21/sports/sp-1110_1_guillermo-vilas

http://www.puntodebreak.com/2014/12/12/tenis-musica-historia-incompleta

http://old.clarin.com/diario/especiales/tenis/vilas_musico.htm

[La entrada del día de hoy nació como un texto para la columna de música que tengo en El Lado B, programa que al día de hoy se emite los miércoles de 22 a 23 por Radio ETER. Lo que al principio iba a ser sólo una simple columna sobre una bizarreada de álbum, terminó creciendo y mutando hasta terminar siendo lo que acaban de leer. Después de terminar de escribirla, sentí que sería un desperdicio restringirlo a sólo un texto de radio, así que lo adapté para publicarlo acá, siendo que hacía meses que no subía nada. A esta altura ya abandoné cualquier intento de actualizar de manera regular el blog, no sólo porque llegué a la conclusión de que se me va a hacer imposible, sino también porque siento que la calidad se ve afectada si veo como una obligación algo que es más un ejercicio de escritura. Así que prefiero verme atado a la inspiración antes que a la obligación.]

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Carga Viva en Roxy Live 17-09-2017

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PH: Nicolás Torregiani

Antes de comenzar, quisiera disculparme con Rey Morfeo y 5 Decibeles, bandas teloneras a las que no pude ver. Hago todo lo posible para poder ver a todas las bandas en una fecha, pero justo en esta ocasión se dio un tema de tiempos que hizo que pudiera llegar unos minutos antes de la presentación de Carga Viva.

Luego de una introducción con “El Ciclo Sin Fin”, de El Rey León, sonando de fondo, el telón se abrió para dar paso al slap de bajo que arrancó “Opinólogos Virtuales”, canción que da título al primer LP de Carga Viva. Algunos problemas con la guitarra, que se volvería a repetir, y un par de acoples ensuciaron el comienzo, pero fue acá donde se pudo empezar a apreciar el sonido funkrockero de la banda, con momentos que recuerdan mucho al Red Hot Chili Peppers de la mejor época, y con “Dios y el Diablo” mostraron una faceta más pesada, similar a la de Rage Against The Machine.

A “Se Pudre Bajo El Sol”, un tema más rockero, le sucedió el primer cover de la noche, que vino de la mano de “Sátiro”, de Babasónicos. Versión inesperada, al menos personalmente, pero que no sonó fuera de lugar entre las otras canciones.

“Calles Salvajes “ tuvo a los primeros invitados de la noche, con Josi Lennard y Chris Espinosa de Tu Mamá No Entiende Nada. En “Anestesiados por el Ruido” la guitarra volvió a fallar, dejando al bajista Nicolás Poggioli y al baterista Federico Macías solos por un rato hasta que logró volver, momento marcado por las ovaciones de la gente.

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PH: Nicolás Torregiani

Luego de “Don’t Forget Me” de los Red Hot Chili Peppers (el cover menos interesante de la noche, extrañamente) y de “Laurel”, a las que siguieron con una jam entre el bajo y la batería, llegaron los siguientes invitados de la noche: el cantante Manuel Iglesias, de Rey Morfeo, y el trompetista Ilian Shalom se sumaron a la banda, y con el guitarrista Joaquín Brizuela y el cantante Lautaro Barceló intercambiando sus puestos, para hacer un cover de “Nunca Nos Fuimos” de Flema, con vientos y dualidad de voces que le dieron un toque propio.

Con “Maquillaje”, Carga Viva volvió a las canciones propias, y con “Irán (Más Allá A Buscarnos)” invitaron a Luciano Villacé, cantante y guitarrista de Bigger y productor de Opinólogos Virtuales. “El Disfraz (No Puedo Parar)” vio la vuelta de Ilian Shalom a los vientos.

El final de la presentación fue con “Wells, El Chamuyero”, de su primer EP No Puedo Parar, y un medley con una base de cumbia, en el que Carga Viva metió fragmentos de canciones tan disímiles como “Feel Good Inc.” de Gorillaz, “Una Vela” de Intoxicados y “Señor Cobranza” de Las Manos de Filippi.

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PH: Nicolás Torregiani

Es así que finalizó la presentación de Carga Viva en Roxy Live. Muy lejos de ser la clase de recital al que yo hubiera pensado ir en algún momento, pero uno que agradezco poder haber presenciado por me mostró a una banda con un sonido muy propio y con muchísimo futuro, probando cosas nuevas en un ambiente que pareciera haberse dado por vencido en buscar nuevos horizontes.

Le doy las gracias a Sofía Olivera, de rock.com.ar, por haberme invitado a cubrir esta fecha, y a Nicolás Torregiani, por las excelentes fotos que sacó durante el recital.

Quiet Riot – 2017 – “Road Rage” [Reseña]

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Para ser un grupo que desde sus orígenes se codeó con Van Halen, dio dos músicos a la banda de Ozzy Osbourne, y que encima tuvo el primer disco de heavy metal en llegar al primer puesto de ventas en Estados Unidos, los últimos 35 años no fueron muy amables con Quiet Riot. Constantes cambios de formación y de estilo, la frialdad de la crítica, el ninguneo del público y álbumes insulsos, todo conspiró de manera perfecta para que a esta banda estadounidense se la recuerde más por los 15 minutos de fama que le trajo un cover de Slade grabado a las apuradas que por otra cosa. Y aunque la muerte por sobredosis de cocaína del cantante Kevin DuBrow en 2007 parecía haber marcado el fin de la banda como tal, en 2010 el baterista Frankie Banali, el guitarrista Alex Grossi y el bajista Chuck Wright decidieron reformar el grupo sin ningún miembro original, aunque a esta altura es más sumarle una mancha al tigre que otra cosa.

Road Rage es ya el decimotercer álbum de la banda y segundo desde su reformación, pero es el primero compuesto por material completamente nuevo si consideramos que “Quiet Riot 10” era mitad canciones de estudio con el cantante nuevo Jizzy Pearl y otra mitad con grabaciones en vivo junto a DuBrow. Hablando de cantantes, en esta ocasión el puesto es ocupado por James Durbin, un joven de 28 años que se hizo conocido como participante de American Idol, y aunque semejante curriculum pueda despertar la desconfianza de más de uno, personalmente creo que Durbin es una adición más que correcta a la banda, con una voz aguda similar a la de Vince Neil de Motley Crue. No es la gran cosa, pero cumple.

Las canciones de Road Rage van por terrenos más rockeros que metaleros, los que mejor le sientan a la banda. Hay mucho riff cuadrado pero gancheroyletras llenas de clichés pero sin hartar, alejados de cualquier pretensión y abocados a pasar un buen momento. Y si sos fan del costado más rockero del glam, similar al primer disco de Ratt, entonces canciones como “Roll This Joint”, con unos teclados discretos que agregan bastante a la canción, y “Knock Em Down”, con una guitarra con toda la onda, seguro van a ser de tu agrado.

El resto de los tracks van por caminos más básicos y homogéneos, por lo que casi cualquier cosa que se pueda decir sobre “Can’t Get Enough” bien podría decirse sobre “Getaway”, “Freak Flag” y así con las demás. Y ese es el mayor problema, el de la poca diversidad de las canciones, casi nunca variando la velocidad o el estilo de los riffs. Y aunque no hay canciones a las que uno pueda señalar como relleno, sí hay ciertos momentos en los que se alargan de manera innecesaria, y casi 50 minutos de lo mismo llegan a cansar incluso al fanático más grande. Si este año Warrant pudieron darle diversidad a su propuesta con un par de números lentos y blueseros y sacar un buen disco este año, no veo por qué Quiet Riot no podrían haber intentado lo mismo, aunque sea para que la escucha no se haga tan pesada.

Pero dicho eso, Road Rage me parece un trabajo más que decente. Sus falencias son claras, pero sus virtudes también. No da para una escucha constante, pero bien puede ser la banda sonora de una fiesta, o de un rato para el que quieras olvidarte de que 1983 ya terminó hace rato. Y aunque no sé a cuánta gente le vaya a importar su existencia (yo mismo me enteré de casualidad que iba a salir), Road Rage me parece el álbum más redondo de Quiet Riot en tres décadas, así que puede que el intento de Banali, Grossi y Wright de seguir con la banda después a pesar de todo no es sólo un capricho, sino que puede tener algo de fundamento.

“Freak Flag”

“Wasted”

Battle Cry – 2016 – “Cicatrices”

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Desde hace casi dos décadas, Battle Cry vienen dando batalla con su sonido a mitad de camino entre el heavy clásico y el power metal. Y aunque en papel algo así está en las antípodas de poder considerarse original, estos jujeños tienen un par de elementos como para destacarse en un estilo tan saturado de propuestas genéricas.

Cicatrices, tercer álbum de la banda, es una buena muestra tanto de los vicios como de las virtudes de este grupo. Con excepción del instrumental acústico “Entre La Vida Y La Muerte”, las canciones se manejan con una base de riffs pesados, mucho doble bombo y un teclado bastante presente, todo balanceado de tal manera que puede atraer tanto al fan de Judas Priest como al de Stratovarius. Hay mucho riff de manual pero con gancho y buen gusto, apoyado por las melodías de teclados que no se limitan a servir de colchón a las guitarras.

El cantante Leonardo Campos es uno de los puntos altos del álbum: con un estilo muy melódico y alejado de las típicas voces “rasposas” que parecen haberse hecho casi reglamentarias en los últimos años, cumple su papel de una manera agradable de escuchar, además de darle una fuerte convicción a las letras cercanas de manera explícita a cuestiones sociales, algo bastante complicado de encontrar en el estilo.

El álbum transcurre de manera fluida entre canción y canción. No hay temas que de verdad se destaquen por encima de otros, tampoco hay altibajos ni canciones de relleno. Un elemento muy interesante en la dinámica del grupo viene por el lado de la inclusión en ciertos momentos de instrumentos autóctonos, como la quena. Esto le agrega un toque de personalidad a canciones como “En Las Estrellas” y “Almita Civila”, aunque sería muy interesante que se los usara de manera más usual, como una parte integral de su propuesta.

Siendo una banda con muchos instrumentos, es una pena que una de mis mayores críticas al álbum venga por el lado del sonido, un tanto precario por momentos, y de la mezcla. Esta última tiene a los instrumentos sonando demasiado juntos, sin darles espacio como para moverse y desarrollarse. Esto es algo que se nota mucho si se escucha el álbum con auriculares, así que parece que “Cicatrices” está hecho más para escucharse con parlantes.

Con pros y contras, Cicatrices se inclina hacia una calificación positiva. Hay varios aspectos para mejorar, pero los integrantes de Battle Cry vienen mejorando como músicos y compositores desde sus primeras producciones, y demuestran talento como para sacar grandes obras en las circunstancias indicadas. A ponerle fichas a este grupo, con un norte definido y una propuesta con personalidad propia.

 

(Nota: Bueno, no creí que iba a tardar más de un mes en actualizar. Sin querer que de verdad fuera así, me terminé tomando julio como un mes de vacaciones del blog, en parte por cuestiones personales pero más que nada porque me sentía quemado y sin ganas de ponerme a escribir. Pero bueno, las ganas volvieron y no creo que vayan a tener que esperar otro mes para leer cosas nuevas por acá.)

Adrenaline Mob – 2017 – “We The People” [Reseña]

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Para ser un grupo formado por gente con pasado y presente en bandas donde la complejidad y el virtuosismo están a la orden del día, los primeros pasos de Adenaline Mob estuvieron más cerca de los tumbos que de la elegancia que sus integrantes sabían mostrar. Formados en 2011 por el cantante Russell Allen (Symphony X), el baterista Mike Portnoy (ex Dream Theater) y el guitarrista Mike Orlando, tanto su EP “Adrenaline Mob” como su LP “Omertá” me parecieron esfuerzos tediosos, llenos de riffs cuadrados a mitad de camino entre Pantera y Disturbed (sin la potencia de los primeros y lo que sea que la gente vea en los segundos), que me dieron la idea de que AM eran más interesantes por el currículum de la gente detrás que por cualquier elemento musical, un aspecto donde parecía más un desperdicio de talentos individuales antes que otra cosa. Pero a seis años de esos poco esperanzadores primeros trabajos y con no sólo la salida de Portnoy sino también de un gran recambio de miembros, parece que Adrenaline Mob han sabido trabajar sobre sus fortalezas. Y aunque el tema del currículum de cada uno de sus integrantes me siga pareciendo mucho más interesante que su música, al menos puedo decir que siento que ahora están más cerca de comportarse como una banda de verdad y menos como un depósito de canciones descartadas, algo que puede verse en We The People, ya tercer LP de estos estadounidenses.

Ni bien pasa la introducción simil radio de la inicial “King of the Ring” nos encontramos con un típico riff de hard rock groovero, mientras Allen adopta un estilo más grave y rasposo que en Symphony X. Todo en su lugar y donde se espera, aunque no sea el inicio más alentador si no sos súper fanático de esta banda desde el principio. Pero con “We The People”, el tema título, las cosas comienzan a mejorar, y ya con “The Killer’s Inside” ya se establece un nivel que va a variar poco durante el resto del álbum, con temas como “What You’re Made Of” y uno de sus riffs que recuerda mucho a uno de los de “Killing In The Name” de Rage Against The Machine, “Violent State Of Mind” y sus riffs precisos, y la melódica “Raise ‘Em Up” como elecciones más que nada arbitrarias dentro de un trabajo balanceado, donde ninguna canción parece estar de más.

Hay que señalar que no es que haya cambiado mucho con respecto al estilo de las canciones, más allá de la temática política expresada tanto en el título del álbum como en la (feísima) tapa. Entonces, ¿cómo es que esto me parece mucho mejor? Creo que es porque Adrenaline Mob parecen haber mejorado en cada aspecto con respecto a sus primeros trabajos: las voces suenan mejor, las melodías son más gancheras, los riffs pegan más, y más que nada ya dejaron de recordarme a Five Finger Death Punch, algo que nunca está de más para señalar como algo bueno.

Pero esto no significa que We The People sea una maravilla de la composición, porque Adrenaline Mob siguen conservando algunos vicios. Uno de ellos es la duración de las canciones, porque hay varias que duran más de cinco minutos, acercándose a los seis, y parece que hubiera uno o dos minutos de sobra metidos ahí. Otra problema es lo homogéneas que suenan las canciones, que hacen que un disco de más de una hora se sienta más largo de lo que en realidad es.

Aunque siguen sin parecerme la gran cosa, We The People bien puede ser lo más redondo y consistente que haya sacado Adrenaline Mob. Ya seas un fan de toda la vida o alguien que no tiene idea de ellos, pegarle una escuchada no te va a ser daño, porque hay un par de canciones más que interesantes para pasar el rato.