Mephistofeles – 2016 -Whore

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Aunque las escenas nacionales del stoner y, en menor medida, del sludge, tienen una importancia considerable en el continente, no ocurre lo mismo con el estilo que dio origen a ambos: el doom metal, más específicamente el más tradicional. Más allá de grupos como los santafesinos Corpvs Christi, no hay muchas bandas en Argentina que hayan seguido el camino de los riffs sabbathicos y los ritmos lentos. Tal vez esto sea porque el doom no tuvo una banda nacional que lograra saltar las barreras del nicho, como si tuvo el stoner con Natas, pero uno podría decir lo mismo del sludge y aun así éste tiene una escena más grande.

Pero que no haya una escena muy grande no significa que no haya banda de calidad, y es así que desde Paraná, Entre Ríos, tenemos a Mephistofeles. Esta banda comenzó en el año 2013 como un proyecto unipersonal de Gabriel Ravera, quien se encargó de todos los instrumentos en el debut “Master Doom Split” (del que no sé si es en verdad un split), con dos canciones que mostraban tendencias más tiradas al drone y a la experimentación.

Ravera dejó el proyecto en pausa durante un tiempo, hasta que decidió sumar al baterista
Iván Sacharczuk y al bajista Ismael Dimenza, con los que mutó la fórmula de la banda en lo que podemos escuchar a lo largo de las siete canciones y 34 minutos de “Whore”, su álbum debut: una combinación de doom con stoner de riffs valvulares, calidad de sonido relativamente lo-fi y una estética más setentosa que los setentas mismos.

Esta combinación no es para nada nueva, y a lo largo del álbum se nota a simple vista que la máxima inspiración del trío se halla en el condado inglés de Dorset, en el humo de marihuana que rodea a Electric Wizard. Las guitarras que concentran el peso del universo en sus riffs, la atmósfera psicotrópica, las voces que suenan a mitad de camino entre Jus Oborn y Kevin Starrs de Uncle Acid and the Deadbeats, todo recuerda de alguna manera u otra a los ingleses.

Esto nos lleva a plantearnos una pregunta: ¿en qué momento la inspiración se convierte en plagio? La línea es difusa, pero en el caso de Electric Wizard ellos mismos han sido definidos en algún momento u otro como una copia de Black Sabbath, y personalmente creo que la “copia” se puede pasar por alto mientras el grupo sepa dar buenos resultados, y Mephistofeles logran ese objetivo: desde el inicio con “Black Sunday” hasta el final con “Cursed To Death”, los paranaenses sumergen al oyente en su universo de drogas, ocultismo, prostitutas adictas y películas de terror de bajo presupuesto, logrando el disco que su misma máxima inspiración se olvidó de cómo componer hace tiempo.

Aunque se lleven “originalidad” a marzo, siempre es bueno tener cerca a un grupo como Mephistofeles. Personalmente me gustaría que lograran encontrar su propio sonido, pero por ahora no están mal como banda sonora de la vida de alguien que piense que los setentas jamás deberían haber terminado.

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Entrevista con Pulpo Negro: “Amor a primera birra”

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[Nota: esta entrevista fue hace casi dos meses. En su momento quise publicarla lo más rápido posible, pero en el medio aparecieron muchas cosas y se terminó demorando la publicación.]

Riffs, cerveza y distorsión. Esta es la santísima trinidad que venera la gente de Pulpo Negro, el quinteto porteño que, a 8 años de su formación, llega a su debut de la mano de “El Arte de Matar”, una colección de ocho canciones de stoner pesado y directo al mentón. Hablamos con Pablo Krause, Damián Masulli y Max Jones, guitarristas y cantante de la banda respectivamente, acerca de este disco debut, y encontramos las diferentes formas que uno tiene para matar.

Red Ripper Blues: Comencemos por lo más reciente, que es la edición del álbum debut de Pulpo Negro, titulado “El Arte de Matar”. ¿Cómo viene la recepción del álbum? ¿Qué dicen la críticas?

Pablo Krause: Bueno, por el momento súper bien. Mejor de lo que esperábamos. El otro día tocamos en Club V, que estuvo súper piola, con una bocha de gente y todo el mundo súper copado a lo que fue después la recepción del disco. Los comentarios de colegas o de algunos medios también genial, no hemos tenido nada más que buenas palabras para con el disco. Y bueno, creo que también nosotros quedamos, en su momento, muy conformes con cómo había quedado, a pesar de que, como todo disco, es un parto hacerlo y es un proceso que terminás odiando en el camino. Pero estamos todos acá bastante conformes con cómo quedó.

RRB: ¿Hace cuánto que venían laburando en “El Arte de Matar”?

PK: Uff…

Damián Masulli: Un año.

PK: Sí, fue medio accidentado pero fue un año más o menos, porque lo fuimos grabando de a partes porque para lo que nos alcanzaba la plata y como podíamos. Y entonces, desde que el Tano (nota: se refiere a Pablo Iacovone, baterista del grupo) grabó las batas hasta que lo sacamos puede haber pasado un año y moneditas. Pero capaz que entre grabar las batas y grabar las violas estuvimos cuatro meses sin entrar al estudio porque no teníamos la plata para pagarlo. No sé, quisiera hacer un año de trabajo a lo Metallica [nota: lo dice entre risas], que se pasan un año dentro del estudio. ¡Nos encantaría! ¡Capaz que podríamos sacar discos más seguido! (risas)

RRB: Es un disco relativamente corto, de apenas 32 minutos. ¿Fue algo que se buscó esa duración o terminó siendo así?

PK: En realidad nosotros habíamos tenido un cambio de cantante, que fue la salida de Mauro [Campiño], que era el primer cantante de la banda, que había grabado también el primer demo, que fue papá y se tuvo que dedicar a otras cosas. Y entonces hace ya dos años fue esto, había entrado Max y queríamos sacar un material que represente a la banda, con Max cantando porque también le dio otra impronta, le dio otra personalidad, las letras las adaptó todas. Queríamos un registro de ello y preferimos hacerlo con los temas que consideramos que estaban bien, ya cerrados y listos para estar en un disco. Nos quedaron un par afuera pero que, como te digo, capaz que en ese momento eran demasiado nuevos o los habíamos hecho una vez o dos en vivo, o capaz que ni siquiera habían salido de la sala. Entonces dijimos “bueno, hagamos los que tenemos bien bien bien”, que ya estaban cerrados como idea y fueron los que quedaron en el disco.

RRB: ¿Qué significado hay detrás de un título como “El Arte de Matar”? ¿Tiene algo que ver con “el arte de la guerra”?

PK: Bueno, creo que lo puede explicar Max mejor que nadie.

MJ: Espero estar en condiciones de responder esa pregunta (risas). Lo que engloba el título de “El Arte de Matar” sería, por un lado, la temática de las letras, en general, del disco, que habla de las diferentes formas, algunas más sutiles que otras, de matar. Básicamente, en que nos matan día a día. Eso por un lado, por otro lado es un homenaje a Narciso Ibáñez Menta (nota: actor español que hizo gran parte de su carrera en Argentina y Uruguay, reconocido como una figura del género del terror), donde en la primera escena de “El Pulpo Negro” (nota: miniserie de suspenso protagonizada por Ibáñez Menta, emitida en 1985 por Canal 9), cuando está reunido en la mesa con esta gente haciendo un pacto les habla sobre el “arte de matar”, y tiene un poco que ver con todo eso. Todo tiene que ver con todo, digamos.

RRB: Justo les iba a preguntar acerca del nombre de la banda, si venía justamente de la miniserie “El Pulpo Negro”.

DM: No venía de ese lado, pero somos fanáticos igual de Narciso. Esa historia te la puede contar Krause me parece (risas)

PK: El nombre de la banda viene por otro lado, por una anécdota, un chiste que alguna vez hicimos y que había quedado tipo “uh boludo, ‘pulpo negro’, ¡qué buen nombre para una banda!”. Y de repente cuando nos juntamos la primera vez con Masu, justamente con la idea de “che, hagamos algo juntos”… nah, “nos juntamos”… estábamos tomando whisky y escuchando Pantera un día a la noche en casa y Masu dijo “che, ¿por qué no hacemos una banda y tocamos?”. “Bueno dale, tengo el nombre”, y le conté la anécdota, que es secreto, mito urbano creo a esta altura (risas), y entonces fue como “sí, y además es la serie de Narciso Ibáñez Menta”, y como que nos cerraba también por todos lados. Y tiene un poco la misma dualidad de la que hablaba Max en el título, me parece que también la tiene el nombre de la banda: no surgió como un homenaje a Narciso Ibáñez Menta, ¡pero nos re cabe que también sea un homenaje a Narciso Ibáñez Menta!

RRB: Ustedes editaron el disco de manera independiente, ¿esto fue algo que se buscó desde el principio o buscaron editarlo a través de una discográfica?

PK: En realidad, fue manija de querer sacar el disco. ¡Tampoco vino Universal a buscarnos y le dijimos que no! Si nos hubieran ofrecido 5 millones de dólares lo hacíamos con Universal, ¡no hay problema!

DM: Eso no pasa hoy en día acá, así que lo hicimos a pulmón y autogestionado como pudimos.

MJ: Era como que el disco tenía que salir cuanto antes, teníamos fechas muy límite como la presentación del mismo y otras más. Queríamos tenerlo cuanto antes en la mano, sin esperar demasiado, y creo que no había tiempo de sentarnos a buscar quién tenía ganas de escucharlo y darnos una oportunidad. La oportunidad nos la dimos nosotros.

PK: Claro, tal cual. Me parece que aparte tiene que ver con que la banda ya tiene un par de años largos de rodaje. Cambiamos de cantante en el medio y un par de cambios de formación, pero veníamos hace un par de años y como que también hasta la misma gente que siempre nos viene a ver nos decía “che, ¡tienen que grabar! ¡Tienen que tener un disco!”, y surgió más por esa urgencia, me parece, de decir “bueno, a ver, registremos todo esto que estamos haciendo como banda” que ponernos a pensar cómo lo íbamos a editar ni nada. Fue “fuerza y corazón”, como dice Montañas. Siempre para adelante: entramos al estudio, grabamos y después de grabar empezamos a averiguar “che, pero ¿y cómo se imprime? ¿Dónde hay que hacerlo?”, y listo, salió como salió y ya está. Si después alguien lo quiere reeditar en digipak con bonus tracks y todo, bárbaro no tenemos drama. Pero a nosotros nos importó tener el disco y mostrar lo que hacemos básicamente.

RRB: Quería ir un poco más atrás en el tiempo y preguntar cómo arrancó Pulpo Negro, pero medio que ustedes ya la respondieron.

PK: Bueno, con la charla, tomando whisky y escuchando Pantera (risas). Después hubo un par de cambios de formación o un demo, sí… ponele que habrá arrancado… no sé si era 2008 o 2009, por ahí. Al principio, así, dos o tres amigos, viola y batería, a…

DM: A tomar birra a una sala de ensayo.

PK: Claro, y de repente fue como “che, está bueno igual esto, ¿no? Como que le podríamos dar una forma”, y se empezó a sumar gente amiga: Vitel (nota: se refiere a Sebastián Persec), que es el bajista, que justo ahora no está, en realidad era un amigo de Damián, y amigo mía por añadidura del barrio.

DM: De escabiar en la sala de ensayo.

PK: Claro, venía siempre a la sala y era como “che, ustedes siguen sin un bajista”, “y, no sé, ¿por qué no tocás el bajo vos?”, “bueno, dale”, y empezó a tocar el bajo. A la semana se había equipado, ya tenía una caja, una heladera, de bajo y se había comprado no sé qué poronga porque es un manija bárbaro. Pero empezó medio así, hoy ya es bajista casi declarado, le cambiamos el rumbo. En su momento se sumó Mauro también, que era el chico que nos estaba grabando el primer demo. Nosotros tuvimos, al principio de todo, un cantante que creo que nos duró una sola fecha, y estábamos grabando con él y fue también “che, ¿y el cantante? ¿Qué van a hacer?”, “no sé, estamos buscando”, “bueno, yo, bueh, sé cantar”, y lo probamos y el pibe había hecho tres años de canto y cantaba bárbaro y de ahí arrancó más o menos esa primera formación, que duró tres o cuatro años seguramente. Y desde ese momento, sí, tocando un montón, en donde podíamos, con arreglos de mierda, con lugares de mierda, con sonido de mierda, qué sé yo, hasta que después se acomodaron las cosas un poquito y empezamos a crecer como banda. Siguió la entrada de Max, como te decía, y finalmente el disco que viene a coronar toda esta etapa tan romántica de, justamente, hacer lo que querés, con amigos y todo bien.

DM: Amor a primera birra. (risas)

RRB: Desde su primer demo hasta acá, ¿cuánto creés que creció el grupo?

PK: Uff, un montón. Seguramente desde que sacamos el disco hasta ahora también creció un montón porque, de por si, siempre para mí y, no sé, acá capaz los pibes te pueden dar más opiniones, pero en el caso de Damián y mío era el primer disco que grabábamos como tal, y yo cuando grabé el demo era la primera vez también que grababa, con lo cual… nada… eso, de empezar a pensar en cómo tenés que tocar a tiempo para grabar con la batería, mirarte con el de al lado. Crece un montón. El demo también lo habíamos sacado relativamente rápido, con lo cual también me parece que la banda después creció compositivamente, instrumentalmente, un montonazo. Y lo mismo pasó cuando entró Max en las voces, que les dio toda una vuelta de tuerca a las letras, a los temas, y pasó a ser prácticamente, te diría, otra banda. Sin renegar de todos los años que estuvimos con Mauro, que la verdad que fue increíble, pero Max, de alguna manera, después terminó de cerrar todo eso y para, para mí, es lo que hizo que el disco suene como suena, que nos dejó tan contentos.

DM: El quinto “tentacúlo”. (risas)

RRB: ¿Qué se viene en el futuro de Pulpo Negro?

PK: (Lo piensa) ¡Esperamos otro disco que…! (risas) Y bueno… la idea es…

MJ: Ya estamos laburando.

PK: Tardó tanto este que ya estamos componiendo un montón, con vistas a un segundo disco, que al igual que el primero no tenemos idea de cuándo va a salir, cómo lo vamos a sacar ni dónde lo vamos a grabar ni qué vamos a hacer. Pero por lo pronto tratando de seguir con el momentum musical y darle justamente a la composición, a tener temas nuevos y para llegar como llegamos también a este o mejor todavía. De tener más temas de los que queramos grabar, poder elegir lo que creamos que es lo mejor de la banda en ese momento. Y tocando, obviamente: el viernes tocamos en Plasma…

RRB: Pablo, además de ser guitarrista de la banda, también sos integrante del staff de la revista Jedbangers. ¿Qué opinión tenés acerca del estado de la escena metalera nacional en estos momentos.

PK: El otro día un poco lo hablamos, recién mencionaba el disco de Innerte, este año también sacaron disco Avernal, que está tremendo. Sacaron disco los chicos de El Triángulo, que está espectacular. Y me parece que es un momento, para mí, súper positivo de la escena: a nivel de bandas no sé en qué otro momento hubo tanta producción de bandas under, que esto también se facilita porque es más fácil grabar, capaz, en tu casa con una placa o lo que sea, están saliendo muchos discos de muchas bandas que creo que nutren a la escena de muy buena calidad. No sé, los chicos de Montañas también, los chicos de Sobre Tus Cenizas que decíamos recién. Bueno, Against ha grabado varios discos, tocaron en Roxy. Me parece que está nutrido, a nivel de público hay una escena incipiente pero que viene creciendo. Digo, hoy en día en Capital Federal todos los viernes hay movida en Club V. Es muy seguido en Uniclub, están los Lunes o Sabbath todos los lunes. Dr Tazo de Escobar, que ayer estuvimos ahí justo viendo a Persona y a Gripe, otras dos grandes bandas, con los pibes de Macaco Bong. Y también se extiende a buena parte del interior, en Córdoba están los pibes de Sur Oculto, que se suenan todo. Los chicos de Moreno también, que han venido acá a Capital un par de veces. O sea, me parece que tanto a nivel de calidad de los proyectos como de cantidad de ediciones que hay, de bandas que sacan discos y todo, y cantidad de ofertas y shows en vivo y todo, es un momento súper interesante, creo.

RRB: Llegamos al final de la entrevista, ¿te gustaría agregar algo más?

PK: No, no mucho más. ¡Aguante la birra y aguanten los riffs!

MJ: Y entren en pulponegro.bandcamp.com para escuchar el disco.

Church of Misery – 2016 – And Then There Were None…

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Church of Misery es una banda que siempre tendrá un lugar reservado en este espacio, no por nada una de sus canciones, proveniente del álbum “The Second Coming” de 2004, le dio nombre al blog. Su combinación de doom metal setentoso y elementos más ruidosos y extremos les permitió formarse un sonido propio en una escena sobrecargada de propuestas poco inspiradas.

Como dijimos cuando repasamos ese mismo álbum, los cambios de formación han sido una constante en la carrera del grupo, con miembros yendo y viniendo a lo largo de los años, y con algunos, como los vocalistas Yoshiaki Negishi y Hideki Fukasawa, reingresando a la banda. Esta es una de las razones más importantes para los espacios de tiempo tan largos entre cada álbum. En 2014, Fukasawa, el guitarrista Ikuma Kawabe y el baterista Junji Narita (que hacía catorce años que ocupaba el puesto) abandonaron Church of Misery, dejando al bajista Tatsu Mikami, único miembro constante en la historia del grupo, totalmente solo.

Sin inmutarse, Mikami decidió darle una vuelta de tuerca a la formación que grabaría el nuevo álbum de su banda, y es así que “And Then There Were None…” (título que referencia tanto a la novela de Agatha Christie, conocida en el mundo hispanohablante como “Diez Negritos”, como a la canción que se convierte en un punto central en ella) es el primer álbum de Church of Misery con una formación totalmente estadounidense acompañando a Mikami, y una con un muy buen currículum detrás: en las voces tenemos a Scott Carlson, cantante y bajista de los pioneros del grindcore Repulsion y quien estuviera con los ingleses Cathedral, y un ejemplo más de la preferencia de Mikami por los vocalistas extremos; en la guitarra está Dave Szulkin, miembro de los amantes del horror Blood Farmers; y en la batería se sienta Eric Little, de la banda de doom metal Earthride.

Yendo al disco en sí, a primera oída no se sienten grandes diferencias con respecto a trabajos anteriores, más allá de que ahora las letras sobre asesinos, una firma del grupo, sean mayormente inteligibles y un audio inusualmente limpio para los estándares de la banda. Más allá de esas dos características, las canciones se pueden escuchar como una perfecta continuación de lo que la banda viene haciendo desde su misma creación, algo que más de uno interpretará como “falta de ideas” pero que personalmente no me parece algo negativo cuando el talento compositivo está presente. Este es el caso de “And Then There Were None…”, donde los siete tracks (seis canciones y el interludio “Suicide Journey”) se sostienen más que bien usando los elementos tradicionales que hacen al género: riffs lentos y bluseros, un bajo pesado y distorsionado, y una batería que sepa llevar el ritmo. Lamentablemente, la batería de Eric Little es el mayor cuestionamiento que se le puede hacer al álbum: aunque suena competente (y hasta con grandes momentos, como en la introducción de “River Demon”), por momentos le falta la fuerza necesaria para este tipo de música, ya sea por un tema de producción o por la misma performance de Little. Sin embargo, el resto de la banda hace su trabajo más que bien, con las voces de Scott Carlson pudriéndola con todo, la guitarra de Szulkin canalizando a su Tony Iommi interno en los riffs y en los solos, y con el bajo de Mikami compensando la falta de fuerza de la batería con una gran base. Hasta se dan el lujo de algún que otro homenaje, como la introducción de bombo del tema título que recuerda a “Iron Man” de Black Sabbath, aunque por suerte mantengan este aspecto en su mínimo y tolerable.

Más allá de las críticas que se le pueden hacer, “And Then There Were None…” es un buen trabajo. Está lejos de ser el trabajo más inspirado de esta banda ¿japonesa?, pero cumple más que bien con sus historias de asesinatos y sus buenas canciones, convirtiéndose en una buena continuación de su discografía. No hay muchas chances de que esta formación termine siendo la definitiva de Church of Misery, debido al trabajo simultáneo de sus miembros en otras bandas y el historial inestable del grupo, pero por lo menos dejó un álbum donde los elementos dieron una química destacable.

Los Kuro – 2015 – 1 ½

“1 ½”, el segundo disco de Los Kuro, llega menos de un año después del debut, y se mantiene dentro de su línea de stoner instrumental, riffero y psicodélico. Claro que mantenerse dentro de esa línea no es algo malo o que pueda llegar a saturar en estos momentos, ya que el stoner instrumental es un nicho del género al que todavía le falta desarrollar las suficientes características propias como para considerarse un verdadero estilo. Es cierto que tenemos a los pioneros Karma To Burn, y hasta otras experiencias nacionales como Poseidótica, pero creo que todavía es un concepto que está en camino de tomar conciencia de si mismo, de sus propias características y hasta de sus propios clichés.

Tanto en el caso de Los Kuro como en el de Poseidótica, las composiciones desechan las voces para buscar una atmósfera casi cinematográfica, algo casi literal en el caso de Los Kuro ya que incluyen samples de películas como “Dracula”, “Commando” y “El Día de la Bestia” en sus canciones. Hay momentos psicodélicos, como en “Il Wurdalak”; ultra setentosos, como en los teclados de “Blus”; y momentos que combinan ambas cosas, como en “El Rata”. Hasta hay momentos que se alejan completamente del stoner, como en el track oculto y su delicado piano.

Que no se necesiten muchas palabras para describir al nuevo disco de esta banda de Buenos Aires no significa que no haya mucho para decir de ellos. Claramente “1 ½” es un disco que va a agradar a cualquier fan del stoner, y es realmente entretenido sentir el aura cinematográfica, más allá del los samples, que crean las canciones. Aunque con 24 minutos y monedas “1 ½” está más cerca de un EP que un LP, su corta duración le agrega al disfrute, ya que la cantidad de bandas que se van a la mierda con la duración de sus discos termina saturando.

Así que podemos concluir con que “1 ½” es un trabajo muy disfrutable, sobre todo para los fans del género. Pero estoy muy seguro de que la verdadera fortaleza de la banda debe estar en el vivo: sentir tal cantidad de riffs bajados de tono y psicodelia debe ser toda una experiencia para sentir en carne propia.

Boris – 2002 – Heavy Rocks


Si tuviera que buscar un término para describir la discografía de Boris, creo que ese término sería “monolítica”. El trío japonés ha construido una obra que toca una enorme cantidad y diversidad de estilos, desde las gigantescas esculturas de acoples y ruido deudoras de lo más colgado de Melvins, banda de cual toman su nombre a partir de la canción “Boris”, hasta el pop rock más azucarado y ganchero, pasando por el shoegaze, el hardcore punk y el más puro noise.

Sin embargo, puede que lo más fascinante de su obra se encuentre en ese punto medio entre la impenetrabilidad del “drone doom metal /ambient / post rock” de discos como “Absolutego”, “Flood” y “Amplifier Worship”, y el pop rock de “New Album” y “Attention Please”. Es en esa zona gris donde se encuentra “Heavy Rocks”, nuestro disco del día de hoy.

Pocos discos tienen títulos más apropiados: tomándose un descanso de tanto cuelgue pero conservando la distorsión, Boris sacan a relucir su costado más setentoso, tributando a bandas como Black Sabbath y Led Zeppelin con un toque garagero y stoner, cercano a Kyuss y Sleep, que marca el sello característico del trío de Tokio. Un tributo a todas las bandas que hicieron del riff un culto.

El bajista-guitarrista Takeshi y el baterista Atsuo aportan sus voces. Grandes voces, aunque no entiendes una palabra de lo que estén diciendo. Pero la verdadero estrella del disco es la guitarrista Wata: esta chica es una máquina de escupir riffs, como una cruza de Tony Iommi y Jimi Hendrix, por lo que ya puedo imaginarme las cuerdas de su guitarra al rojo vivo.

Pero, ¿y las canciones? Las canciones son adrenalínicas, gancheras y llenas de energía y distorsión. Es difícil elegir alguna favorita, pero voy a mencionar un detalle con respecto a los invitados: en las canciones “Dyna-soar” y “Death Valley” participan, respectivamente, Massona y Merzbow como invitados. Y aunque en un principio uno no pueda imaginarse un escenario donde la colaboración de una banda de “stoner punk garagero” con algunos de los artistas más importantes de la música noise japonesa pueda dar buenos resultados, en este caso generan dos de las mejores canciones del disco, donde me recuerdan a Church Of Misery, otra banda japonesa que reverencia la década de los 70’s de una manera muy ruidosa.

Es increíble que un disco tan cargado de velocidad, energía, distorsión y adrenalina sea de los más accesibles en la discografía de una banda, pero no estamos hablando de cualquier banda, sino que estamos hablando de Boris, una banda como ninguna otra.