Los Holy’s – 1968 – “Sueño Sicodélico”

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El que de verdad me conoce sabe que le tengo un aprecio grande a la escena musical peruana. Aunque mi conocimiento sobre ella sea, más que nada, sobre bandas de metal como Tarkus, Anal Vomit, Goat Semen, Blizzard Hunter y Don Juan Matus, y de punk como Dios Hastío y Leusemia, también puedo viajar a los orígenes mismos del género en ese país, allá por la década de los sesentas. Y es así que, mientras buceaba en busca de alguna joya perdida de esa época, me encontré con la obra de Los Holy’s.

Hablamos de una banda de la que no puedo encontrar toda la información concreta que quisiera, e incluso algunas partes se contradicen con otras, así que disculpen si cometo algún error.

Los Holy’s (agregarle un apóstrofo al plural parece ser algo común entre los grupos peruanos de la época) se formaron bajo el nombre de The Sharks en 1966 en el distrito limeño de Pueblo Libre, como un quinteto conformado por los guitarristas Marcos Goyzueta y Arturo Matto, el bajista Oscar Sáenz, el baterista Walo Carrillo y el tecladista Renzo Carozzi. La banda se formó mientras sus integrantes acudían al Colegio Nacional Bartolomé Herrera, y cuando se graduaron se cambiaron el nombre a Los Holy’s.

El sonido de este quinteto iba bastante de la mano con el de la época. Influenciados tanto por la movida psicodélica como por grupos de surf rock como The Ventures, de gran popularidad en Perú, Los Holy’s agregaron la característica de ser una banda completamente instrumental, algo común en el surf rock pero inusual en la escena sudamericana.

Los Holy’s grabaron editaron su primer single en 1966 a través del sello Suceso. Contenía el propio “Holys Psicodelicos” y el cover de The Ventures “Luces de Guinza”, y su éxito los llevó a aparecer en varios programas de televisión. Por esta época, el baterista Walo Carrillo propuso la idea de abandonar la línea instrumental, y fue así que decidieron grabar el single “Cuando / Necio de mi Corazón” con Carmen Sáenz, hermana del bajista, en las voces. El resultado no dejó conforme a la banda y decidieron seguir como grupo instrumental, firmando con la discográfica Sono Radio y editando otros cinco singles.

Llegado el año 1968 (en algunos lugares aparece como que el álbum se editó en 1967, pero blogs especializados confirman que el disco se editó ese año), la banda se metió al estudio a grabar su primer LP.

Por esos días, las tensiones entre Walo Carrillo y el resto del grupo eran cada vez más evidentes: mientras el tecladista Renzo Carozzi quería seguir con la línea instrumental/psicodélica, varios miembros de la banda, entre ellos el baterista Walo Carrizo, querían adoptar un estilo más cercano al rock más distorsionado, en la vena de Cream.

Puede ser que por esas peleas “Sueño Sicodélico” tenga una gran variedad de canciones. Temas como “Choque de Vientos”, “Show Me”, “Spectro 1” y “El Hombre Desnudo” muestran la versión más rockera de la banda, con el teclado de Carozzi llevando las canciones y una guitarra líder llena de reverb, mientras que otros como la inicial “Piedra de Doce Ángulos” y “Tormenta” son aproximaciones más cercanas al pop, con los arreglos orquestales del productor y director de origen argentino Enrique Lynch tomando el protagonismo. Los mejores momentos se dan cuando las guitarras toman el protagonismo, pero a lo largo de sus poco más de 32 minutos hay de todo un poco para saciar los gustos de todo rockero nostálgico y no tanto. Hablamos de un disco muy de época, tanto en su estilo como en su sonido, pero que le escapa a la vejez para sonar simplemente atemporal.”¿Conocemos todos los sonidos emitidos en el fondo submarino? ¿Las estaciones espaciales no captan ondas producidas a miles de años luz? Trataremos de reproducir esos sonidos con nuestros instrumentos y quizás resulten más agradables que el rumor de olas”.

La estructura de la banda no resistió las tensiones por mucho tiempo más, y a principios de 1969 terminaron por echar a Walo Carrillo. Aunque el grupo intentó seguir con un baterista de reemplazo, apenas duró dos meses más antes de separarse en junio de ese mismo año.

Después de eso, no puedo encontrar más información acerca de los miembros aparte de Carrillo, que se terminó convirtiendo en una de las figuras representativas del rock peruano, con su participación en bandas como Telegraph Avenue, Tlön y Tarkus, esta última considerada por algunos como la primera banda de rock pesado de Sudamérica. La mejor suposición es que el trabajo de músico se dificultó con el comienzo de la dictadura militar en 1968, con su política nacionalista y anti-imperialista que incluyó la prohibición de la edición de música en inglés por parte de grupos peruanos.

Al día de hoy “Sueño Sicodélico” es una joya muy buscada por todo colecciones de música de los sesentas. La edición original fue muy limitada, y las copias pueden alcanzar un precio de 110 euros (poco más de 1800 pesos argentinos) en sitios como Discogs. No hay edición en CD, pero hubo una reedición a cargo del sello español Electro Harmonix, que es por lejos la más encontrada en Internet, aunque por alguna razón varias canciones intercambian títulos y otras son reemplazadas por las canciones que la banda editó sólo como singles.

Más allá de las peleas, las ediciones confusas y los precios que se alcanzan en las subastas, “Sueño Sicodélico” es un disco súper disfrutable, coherente y con buenos riffs reverberantes para todo aquel amante de los sonidos sesentosos. Toda una joya casi 50 años de su edición, y una buena muestra de lo que se hacía en Sudamérica durante los años del rock primigenio.

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Pink Floyd – 1971 – Meddle

Con la edición de “Ummagumma”, en 1969, y “Atom Heart Mother”, en 1970, Pink Floyd comenzaron una etapa de experimentación y descubrimiento de nuevos horizontes, motivados por la llegada de David Gilmour y la caída en desgracia de Syd Barrett, perdido en un mar de locura y LSD que lo llevó a abandonar la banda y desaparecer durante años. Con estos discos, a los que podemos sumar el soundtrack “Music from the film More” editado en 1969, la banda empezó un periodo de transición entre el rock psicodélico y espacial primigenio para adentrarse cada vez más en la corriente progresiva, aunque sus orígenes siempre estarían presentes y darían como resultado una fórmula mucho más basada en la creación de atmósferas que en el virtuosismo que muchas otras bandas del estilo profesaban. “Meddle”, editado en 1971, es el último paso en esta transformación que culminaría con la edición de “The Dark Side of the Moon” en 1973.

Por primera vez desde el “A Saucerful of Secrets”, de 1968, la banda compuso y trabajó las composiciones mayormente en el estudio, dando como resultado varias canciones relativamente simples, pero muy variadas, gracias a que es uno de los discos con mayor contribución individual de cada miembro, y que ya establecían gran cantidad de elementos que la banda explotaría en sus siguientes discos.

En “One of these Days”, la banda experimenta con la distorsión en las voces en una de las pocas colaboraciones vocales del baterista Nick Mason, la sobregrabación de instrumentos (se pueden escuchar dos bajos, grabados por Roger Waters y David Gilmour) y la utilización y manipulación de grabaciones ya existentes, como la utilización de la intro de la popular serie británica de ciencia ficción “Doctor Who”.

“A Pillow of Winds” y “Fearless” son incursiones en el folk rock, más directamente en la primera y ya mezclada con rock progresivo en la segunda. La primera tiene la particularidad de ser una canción de amor, toda una rareza en la historia de la banda. En “Fearless” se pueden escuchar más usos de ediciones de estudio, como el sonido de los fans del Liverpool cantando la canción “You’ll never Walk Alone”.

“San Tropez” es la única canción del disco de autoría individual. Compuesta por Roger Waters, es una llamativa incursión dentro del jazz. Aunque ese tipo de influencias siempre estuvieron, pocas veces la banda se metió tan de lleno en el género. La letra describe un día  en la ciudad costera francesa de Saint-Tropez, o “San Tropez” como se la conocía en Inglaterra.

“Seamus” es otra canción muy llamativa. Es la canción más corta del disco, una composición de blues que toma su nombre del perro que se escucha ladrar y aullar durante toda la canción, propiedad del guitarrista de Humble Pie Steve Marriott. Hoy en día se puede escuchar a algunos fans diciendo que esta es la peor canción de la historia de Pink Floyd, pero creo que es tan corta, llamativa y representativa del periodo por el que la banda estaba pasando que es imposible de odiar.

La canción que cierra el disco es, por lejos, la más recordada del mismo. Y por muchas razones, porque hablamos de “Echoes”, una canción épica de 23 minutos y medio,la tercera canción más larga de la discografía de la banda, ni más ni menos, con uno de los sonidos más icónicos de la historia del rock: el “ping” del teclado de Richard Wright, logrado con la ayuda de un altavoz Leslie, que recuerda tanto a la señal de un sonar. Siendo una de las composiciones más ambiciosas de la banda, “Echoes” transporta al oyente a un mundo de sueños y sumergido en el agua.

“Meddle” es todo un punto de referencia en la discografía de Pink Floyd. Todos sus elementos presagiaron el estilo que la banda tomó y desarrolló en sus siguientes discos, los que la convertirían en una de las bandas más importantes de la historia del rock. Aunque muchos fans se dividen entre la etapa psicodélica y la etapa progresiva de Pink Floyd, “Meddle” está en el punto justo para poder complacer a ambos grupos… o no complacer a ninguno. Tal vez sea eso lo que lo haga un álbum tan especial.

Blues Pills – 2014 – Blues Pills

La movida del retro rock, y sé que esto va a sonar como un chiste estúpido, ya no es algo nuevo. Blood Ceremony, Ghost, los trágicamente desaparecidos The Devil’s Blood, Graveyard, Jex Thoth y Uncle Acid & The Deadbeats, entre otros, ya le mostraron al mundo esa mezcla de hard rock setentoso con teclados, blues y, en los casos más pesados, doom y stoner metal. A esta altura, ya sabemos qué podemos esperar de este tipo de bandas, pero eso no significa que no puedan salir formaciones interesantes de este rejunte de hippies pesados que nos hagan decir “uh, mirá qué copado que está esto”.

Los “suecos” Blues Pills son una de esas bandas, y en los últimos tiempos vienen dando bastante que hablar. Se formaron en diciembre de 2011 y cuentan con la sueca Elin Larsson en voces, los medio hermanos estadounidenses Zack Anderson y Cory Berry en bajo y batería, ambos ex Radio Moscow, y el francés Dorian Sorriaux en guitarra. Poco después de grabar este disco, Berry se fue de la banda y fue reemplazado por el sueco André Kvarnström.

Lo de Blues Pills cruza el hard rock 70s, el blues y el rock psicodélico, con las voces de Larsson, con mucho de Janis Joplin y por consiguiente con mucho de soul, dándole el toque de personalidad que muchas bandas de la movida retro no terminan de, o no se molestan en, desarrollar. Tampoco es que lo de BP sea la próxima revolución musical, pero no creo que busquen serlo porque lo suyo no va por ese carril, sino por el de componer buenas canciones, algo de lo que también se olvidan muchos músicos de esta movida al querer focalizarse en simplemente copiar a una banda en particular.

Además de las buenas canciones, lo que hace interesante a este disco debut es la variedad. Porque a pesar de que BP se mantienen en cierto rango de sonido, también logran darle matices y características propias a cada una de las canciones que les permiten destacarse por si solas. Podemos escuchar influencias de Led Zeppelin, de Cream, de Janis Joplin, Jimi Hendrix (puro wah wah en varios pasajes) y bandas de ese estilo, pero sus influencias están licuadas de tal manera que, aunque recuerde a esos grupos, no termina siendo una copia tal cual.

“Blues Pills” es un debut super sólido. Algunas de las canciones más destacadas son “Ain’t No Change”, “Black Smoke”, “Little Sun”, “No Hope Left For Me” y “Gypsy”, aunque si fuera por mí listaría todas las canciones, porque no hay canciones malas y todas son de 7.5 para arriba. La producción es perfecta, manteniendo el espíritu retro pero con la tecnología actual que logra un sonido claro pero orgánico.

Blues Pills es una de las bandas más destacadas de la movida retro que hayan salido en los últimos años, y todo indica que las cosas sólo pueden mejorar a futuro. Sólo es cuestión de esperar a ver hasta donde llegan. ¿Quién lo diría? Una banda que logra algo interesante, ganchero y atrapante sin hacer nada absolutamente nuevo. Lo que se dice, talento.