Skepticism – 2015 – Ordeal

Bandas como Skepticism hacen que uno se replantee el verdadero significado del concepto de “banda chica”. Porque a pesar de que no sea un grupo que en un futuro cercano llegue a llenar estadios y que sus videos tengan cientos de millones de reproducciones en Youtube, estos finlandeses pueden considerarse gigantes dentro de ese nicho conocido como funeral doom metal, ese subsubsubgénero del que el grupo es uno de los mayores representantes desde que se formaran allá por 1991. Junto a los también finlandeses Thergothon, Skepticism llevaron la lentitud de los riffs del doom metal y las atmósferas oscuras y melancólicas a un nuevo extremo, no por nada el género tiene la palabra “funeral” en su nombre. Pero mientras Thergothon sólo llegaron a un único disco cuando el grupo ya estaba separado (“Streams From The Heavens”, de 1994), Skepticism lograron permanecer en el tiempo, lanzando clásicos del género como “Stormcrowfleet” (1995) y “Lead and Leather” (1998).

En su momento, los álbumes en vivo y las grabaciones de conciertos eran algo verdaderamente importante en la historia de una banda, ya que le daban la posibilidad a mucha gente que nunca hubiera tenido la posibilidad de ir a un recital de ver cómo era su grupo favorito arriba del escenario, en una época en la que las giras no eran tan extensas, la transmisión en directo de recitales era para pocos y la Internet sólo era un sueño. Pero en estos días, con el advenimiento de la “red de redes” y las descargas masivas, grabar álbumes ya no está ni cerca de ser tan lucrativo como antes, y muchos grupos más o menos importantes prefieren dejar pasar más tiempo entre disco y disco con tal de enfocarse en las actuaciones en vivo y las giras a través de los cinco continentes, que permiten obtener ganancias de manera más directa y segura, y editar grabaciones en vivo, para matar dos pájaros de un tiro. Eventualmente, la práctica indiscriminada de este recurso entre grupos muy grandes (cof cof Iron Maiden cof cof) ha rebajado el valor del disco en vivo en la mente de muchos. Sin embargo, de vez en cuando el anuncio de la edición de un álbum en vivo puede llegar a despertar ciertas expectativas, en especial entre fans de bandas más chicas, o si hay un elemento verdaderamente interesante. Este es el caso de Skepticism.

A siete años de su último incursión de estudio, Skepticism traen un nuevo trabajo, el flamante disco en vivo “Ordeal”. Grabado durante un recital que la banda dio el 24 de enero de 2015 en la ciudad finlandesa de Turku, “Ordeal” es el primer disco en vivo de la banda, y el trabajo donde el grupo presentó al guitarrista Timo Sitomaniemi, el primer cambio de formación en 20 años. Pero lo que de verdad llama la atención acerca de este disco, y lo que lo hace destacarse por sobre la marea de material en vivo que tenemos cada año, es que casi todas las canciones son material inédito. Exacto, exceptuando “Pouring” (extraída de “Stormcrowfleet”) y “The March and The Stream” (incluida originalmente en el EP de 1997 “Ethere” y regrabada para su inclusión en “Lead and Leather”), las otras seis canciones son totalmente nuevas, además de que todas estas están al principio del recital, todas seguidas. Es todo un desafío plantearse estrenar canciones en un disco en vivo, porque uno tiene que estar seguro de que el material sea lo suficientemente bueno para que le agrade a su público, y además… bueno, vamos a ponerlo simple: el funeral doom metal no es un género que uno de verdad piense que se preste para las presentaciones en vivo. Es un género de canciones muy largas, muy lentas, muy deprimentes y sin ninguna instancia que invite al pogo ni nada que se le parezca.

Todos estos factores en contra definitivamente hacen que el resultado de “Ordeal” sea todavía más positivo. Hablamos de un disco que espero que esté en varias listas de “lo mejor del año”, porque es toda una muestra de poder en vivo. Skepticism logran trasladar la atmósfera lúgubre y opaca de sus canciones a la presentación en vivo y la replican de manera perfecta, ayudados por un sonido espectacular que hace que no te sientas como si estuvieras entre el público mirando a la banda, sino en medio del grupo cuando están tocando estas marchas funerarias. Es más, “Ordeal” bien podría considerarse un disco de estudio si no fuera por alguna que otra instancia donde puede escucharse al público.

Todos los músicos tienen grandes actuaciones. Los guitarristas Jani Kekarainen y Timo Sitomaiemi desgranan estos riffs lentísimos mientras el baterista Lasse Pelkonen y el tecladista Eero Pöyri, este último ya sea acompañando a las guitarras o creando atmósferas de teclados, nos hacen olvidar completamente de la falta de bajo. Y el vocalista Matti Tilaeus suena como un demonio, o un muerto que acaba de salir de su tumba, y es tal cual tiene que sonar.

Las canciones nuevas son material típico de Skepticism, nada super original pero una gran adición a su catálogo. Aunque todas son super recomendables si te gusta el estilo, “March Incomplete” trae uno de los mejores momentos del álbum, con un gran solo de guitarra que comienza poco antes de llegar a la marca de 5 minutos y 30 segundos.

Como se habrán dado cuenta, mi opinión sobre este disco es súper positiva, pero no es para menos: si un disco que extiende 8 canciones a lo largo de casi 78 minutos logra mantener mi atención durante toda su duración, es que de verdad hay algo en él que es digno de explorar.

Paradise Lost – 2015 – The Plague Within

Cuando los ingleses Paradise Lost expresaron que su nuevo disco vería una vuelta a las raíces, más de uno se habrá desconcertado ante semejante declaración, porque la banda ya había visto una vuelta a las raíces con el cambio de siglo, cuando dejaron de tratar de copiar a Depeche Mode y volvieron a su sonido gótico clásico, sonido que han pulido y perfeccionado disco a disco en adelante.

Sin embargo, las recientes participaciones del cantante Nick Holmes y del guitarrista Greg Mackintosh en experiencias cercanas al death metal (reemplazando a Mikael Åkerfeldt en el supergrupo sueco Bloodbath y probándose como cantante extremo en el proyecto solista Vallenfyre, respectivamente), daban a entender que esta vuelta a las raíces se refería al sonido death/doom de sus inicios. Una movida extraña y arriesgada, como mínimo, pero los buenos dividendos que dejaron los discos de sus bandas paralelas (el disco de Bloodbath demostró que Holmes todavía puede rugir como en su juventud, mientras que ambos discos de Vallenfyre mostraban a Mackintosh con la máquina de riffs podridos bien aceitada) sólo hacían pensar en que la banda tenía las herramientas necesarias para llevar un disco así por buen camino.

¿Y cómo termina resultando “The Plague Within”? Como una muestra de una banda que logró lo que pocas pudieron: buscar su futuro en su pasado y lograr algo que se escucha fresco. “The Plague Within” es la amalgama perfecta entre el Paradise Lost más lúgubre y extremo y el más melódico y cancionero, simbolizado en la unión de los rugidos guturales de Nick Holmes con su registro más limpio y “hetfieldiano”.

El estilo más directo de las canciones hace que éstas no tengan un gancho más inmediato y que sean más difíciles de digerir, pero luego de varias escuchas el disco se revela a la misma altura de “Tragic Idol” (2012), y confirma que Paradise Lost no sólo es una banda guiada por la pura curiosidad artística, sino que además es todo lo talentosa que se requiere para que esa búsqueda sea exitosa.

Comentarios de fin de año

Como cierre del año, me gustaría hacer un repaso, en forma de comentarios cortitos, de algunos discos que, por falta de tiempo o por cualquier otra razón, no entraron en las reseñas que hice a lo largo de 2014. Creo que el haber comenzado el blog a mitad de año me perjudicó para poder ver la totalidad de los lanzamientos del 2014, pero para este 2015 espero que se vengan más reseñas y más y mejores discos. Quisiera hacer una mención especial a los discos de Exodus, Overkill, Lantlôs, At The Gates, Mayhem, Panopticon, Prong, Inquisición, Septicflesh, Behemoth y muchas otras bandas más que sacaron muy buenos discos en este 2014.

GODFLESH – “A WORLD LIT ONLY BY FIRE”

13 años tuvieron que pasar para que tuviéramos un nuevo LP de los ingleses Godflesh. Durante ese tiempo, su líder absoluto Justin Broadrick se dedicó a proyectos de todo tipo siendo el más conocido Jesu, donde explora su lado más “suave”, mientras el bajista G.C. Green literalmente desapareció de la faz de la Tierra. Luego de su reunión de 2010 y del EP “Decline & Fall”, de junio de 2014, “A World Lit Only By Fire” es el primer LP de Godflesh desde “Hymns” de 2001. El nuevo disco muestra a Godflesh en una “vuelta a las raíces” de sus primeros discos, particularmente de su debut “Streetcleaner”, con las baterías programadas y atmósferas asfixiantes que influenciaron a todas las bandas de metal industrial, y que a su vez los hizo una banda que no se parece a ninguna otra de su estilo.  AWLOBF es un regreso espectacular la Carne de Dios, tal vez un poco más aggiornados (la producción y el sonido son millones de veces mejores que en sus primeros discos, y Justin Broadrick usó una guitarra de ocho cuerdas), pero con la misma furia de siempre.

JUDAS PRIEST – “REDEEMER OF SOULS”

Otro de los regresos del año fue “Redeemer of Souls”, el nuevo disco de las leyendas Judas Priest. Aunque, a diferencia de Godflesh, Judas Priest no se separaron ni nada por el estilo, el último disco de estudio, “Nostradamus”, databa del 2008, y lo mostrado en ese disco distaba mucho del mejor Judas, tal vez ahogado en la pretenciosidad típica que puede llegar a tener un disco doble conceptual. “Redeemer of Souls”, por suerte, es un tremendo salto de calidad con respecto a “Nostradamus”, ya que muestra al Sacerdote volviendo a los riffs que tanto se le extrañaban, aunque en un ambiente un poco más calmado que se ajusta a la voz más madura de Rob Halford, que con 63 años sigue demostrando por qué es uno de los cantantes con mayor personalidad del heavy metal. Aunque no estamos hablando del nuevo “Killing Machine”, “Screaming For Vengeance” o “Painkiller”, es un muy buen disco de esta leyenda, con canciones como “March Of The Damned”, “Dragonaut” y la pesadísima “Metalizer” como muestras de que, aunque sea el primer disco sin el histórico guitarrista K. K. Downing (reemplazado por el joven Richie Faulkner) Judas siempre va a ser Judas.

TRIPTYKON – “MELANA CHASMATA”

Después de que Celtic Frost editara el monumental “Monotheist” en 2006 (considerado por muchos como el mejor disco de la carrera de los suizos) y de que la banda se separara en 2008, Thomas Gabriel Fischer, más conocido como Tom G Warrior, formó Triptykon, que con la edición de “Eparistera Daimones” en 2010 se conformó como la banda que continuaría con el legado de Celtic, tanto en formación como en sonido. Cuatro años después llega “Melana Chasmata”, que continúa con la línea planteada por su antecesor: esa mezcla de metal gótico, doom, death y black metal (que, ¡oh casualidad!, son todos géneros de los que Celtic Frost pueden jactarse de ser pioneros) condensada hasta alcanzar un nivel de pesadez y sofisticación inaudito. Con casi 70 minutos de duración y canciones considerablemente largas, no es un disco que entre de primera, sino que debe escucharse con detenimiento para descubrir todos los detalles que oculta y que lo hacen uno de los mejores discos del 2014.

VALLENFYRE – “SPLINTERS”

Gregor Mackintosh, conocido por ser el guitarrista de los ingleses Paradise Lost, comenzó Vallenfyre en 2010. El primer disco de la banda, editado en 2011 y titulado “A Fragile King”, sirvió como una suerte de terapia del guitarrista para recuperarse de la muerte de su padre en 2009, a causa de un cáncer de pulmón. El sonido de Vallenfyre se puede relacionar con los primeros años de Paradise Lost, lejos del metal gótico por el que se hicieron conocidos y más cercano al death metal old school de sus primeros años, sobre todo en la voz de Mackintosh, que acá también se encarga de las voces. “Splinters”, el segundo disco de la banda, no se aleja un centímetro de esa fórmula de tupá-tupá, blastbeats y rebajes doom. Canciones como “Scabs”, “Instinct Slaughter”, “Aghast” y “Dragged To Gehenna” muestran a Mackintosh cómodo en su doble papel de vocalista y guitarrista, y a  Vallenfyre como una banda a tener en cuenta si uno busca death metal sucio y tenebroso.

BLOODBATH – “GRAND MORBID FUNERAL”

Greg Mackintosh no fue el único miembro de Paradise Lost que exploró sus orígenes deathmetaleros este año, porque a esa lista se puede agregar a su compañero Nick Holmes, cantante de PL. En este caso, Holmes no necesitó fundar una nueva banda, sino que le bastó con sumarse a Bloodbath, el supergrupo del death metal sueco, reemplazando a Mikael Åkerfeldt, el líder de Opeth que fungía como cantante y que se fue del grupo en 2012 para poder enfocarse en su banda principal. Lo de Bloodbath, en este disco y en sus anteriores, es simple en los papeles: death metal clásico, pesado y rápido, pero sin pasarse de revoluciones. Muchos tenían sus dudas acerca del papel de Holmes, que no pudría la voz desde los primeros días de Paradise Lost, pero en “Grand Morbid Funeral” no muestra problema alguno en ese aspecto. Death metal old school tocado por una banda que parece un reloj, ¿qué más querés?

 PALLBEARER – “FOUNDATIONS OF BURDEN”

Con este y con “Sorrow and Extinction”, su debut de 2012, Pallbearer tuvo una repercusión inaudita para una banda de doom metal. Claro, no hablamos de una banda de doom metal común, esas del revival de los últimos años en las que muchas se limitan a copiar lo hecho por Black Sabbath y Pentagram, sino que lo suyo va más por una mixtura de Cathedral, Candlemass y bandas por el estilo, mucho más melódicas y “épicas”. Es más, “épico”, junto con “melancólico” y “masivo”, son términos que se puede aplicar para hablar sobre la música de Pallbearer: canciones muy largas, varias veces superando los 10 minutos, con largos desarrollos instrumentales, gran presencia del bajo, voces mayormente melódicas y letras muy oscuras. “Foundation of Burden” es un disco al que una escuchada no le basta, sino que se necesitan varias para poder apreciarlo, y para poder descubrir a una de las bandas más interesantes aparecidas en los últimos años en el universo metalero.

Sororicide – 1991 – The Entity


Islandia es una país isleño ubicado en el extremo noroeste del continente europeo, que se caracteriza por sus políticas socialmente liberales y sus bajos impuestos, que lo colocan como el tercer país más desarrollado del mundo.

Los habitantes de esta isla pertenecen, culturalmente, a Escandinavia, junto a Noruega, Suecia, Dinamarca y, ya sea que lo incluyan o no, Finlandia. Por si alguno no lo recuerda, la región escandinava como una de las mayores productoras de bandas de heavy metal, pero la producción de bandas de ese estilo por parte de Islandia es mínima comparada con la de sus hermanos culturales. Hasta es posible encontrar un pequeño cómic donde se bromea con que la producción musical más conocida de Islandia es Björk.

Acá se los dejo.

Vale aclarar que Islandia tiene apenas 330.000 habitantes y que los otros países escandinavos tienen bandas no-metaleras conocidas mundialmente (como los noruegos A-ha, los suecos ABBA y los finlandeses The Rasmus), pero incluso así la producción metalera islandesa es bastante escasa. Dicho esto, este pequeño país, prácticamente aislado, dio lugar a una de las historias más particulares de los años del death metal clásico, allá por fines de los 80’s y principios de los 90’s. Esta es la historia de Sororicide.

Sororicide se formaron a principios de 1990 en la ciudad de Reykjavik, capital de Islandia. Los fundadores fueron el bajista y cantante Gísli Sigmundsson y el guitarrista Guðjón “Gaui” Óttarsson, a los que se sumaron el cantante Bogi Reynisson, el guitarrista Fróði Finnsson y el baterista Karl Guðmundsson. La banda tomó su nombre del término que designa al acto de matar a una hermana. La banda comenzó a dar recitales, al principio con un estilo más cercano al thrash metal y al heavy metal clásico, pero que evolucionó en un estilo mucho más pesado. En 1991, bajo el nombre de Infusoria, el grupo ganó un concurso de bandas islandesas, que llamó lo suficientemente la atención como para que la banda, ya de vuelta bajo el nombre de Sororicide, entrara al estudio para grabar “The Entity”, su disco debut.

“The Entity” bien puede considerarse una pequeña joya perdida del death metal de la vieja escuela, el que combinaba el tupá-tupá con rebajes doom y que daba prioridad a la atmósfera antes que a mostrar qué tan rápido pueden tocar los músicos y qué tan bajo pueden afinar. Con canciones como “Human Recycling”, “Withered Earth”, “Sororicide” y “Frightmares” y una producción bastante cruda pero sin terminar siendo inescuchable, la banda mostraba un enorme potencial. El hecho de cantar en inglés seguro les hubiera abierto las puertas al mercado internacional, en los tiempos cuando el death metal estaba su mayor apogeo de exposición en el mainstream, y el inusual origen de la banda bien podría haber agregado un halo de curiosidad, como ocurrió en su momento con Sepultura.

Pero entonces, algo ocurrió.

Sororicide se separó en 1994, y el joven guitarrista Fróði Finnsson murió de cáncer en 1995. “The Entity” vendió bastante bien, pero muchas copias terminaron en la mesa de saldos de las disquerías islandesas. Unos años después, Platonic Records, la discográfica que los había editado, retiró las copias que quedaban y las destruyó, pero los miembros de Sororicide lograron salvar unas pocas.

En 2000, la banda se reunió para tocar su último recital en el festival de música de Reykjavik. En ese recital, vendieron las pocas copias de “The Entity” que todavía quedaban por casi nada. En eBay se pueden encontrar a precios ridículos por ser tan escasas, lo que las convierte en piezas muy apreciadas por los fanáticos de la arqueología metalera.

En 2009 Sororicide se volvieron a juntar, dieron algunos recitales, editaron un EP de demos titulado “Deathless” y se separaron nuevamente en 2011. Nada indica que la banda vaya a reunirse en un futuro, aunque no parece que los músicos de la banda estén en algún proyecto nuevo últimamente, así que siempre está la posibilidad. Más allá de todo, Sororicide siempre tendrán un lugar en la historia del metal islandés, y su propia historia siempre es interesante de relatar.